Lectura, educación, responsabilidad social y sociedad

· lectura, sociedad
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Recuperemos los textos perdidos y seremos libres

Investigar el porqué del abandono de la lectura en la historia de un país lleva a buscar soluciones para revertir esta situación y avanzar hacia una nación mejor

1. Memoria para cambiar
2. Sin aliciente no hay acercamiento a la palabra
3 Una pregunta introspectiva
4. Escribir, un acto creador
5. Rescatar la lectura es rescatar al ser humano

1. Memoria para cambiar

Si efectuamos la experiencia de volver atrás en el recuerdo de nuestra vida, tanto en lo individual como en lo social, veremos que cuanto más cercana en el tiempo respecto al presente ha sido nuestra educación, en los niveles que corresponden a los actuales inicial y de Educación General Básica o su equivalente según el país, mayor es la cantidad de falencias que encontramos.
Por el contrario, si esos niveles educativos han sido cursados más atrás en el tiempo, encontramos una mayor solidez en conceptos, cultura y por supuesto asimilación de la lectura como elemento que permite elaborar recibir y elaborar conocimientos.
En la escuela, tiempo atrás, la lectura era un hábito que se enseñaba desde el comienzo de nuestro acercamiento al alfabeto. Refranes, frases, conceptos que estaban en nuestros primeros libros en los que aprendíamos a leer permanecen desde entonces en nuestra memoria más profunda, así como en el inconsciente colectivo. Esto es verificable si nos encontramos con antiguos compañeros de escuela y traemos al recuerdo aquellos momentos.
No había tecnología, la cual llegó a nuestras vidas con el pretexto de mejorarlas pero fracasó en cuanto a hacerlo en la cultura que realmente permanece, que es la transmitida palabra a palabra y persona a persona, como ocurre con las narraciones que marcan la tradición y la historia de un pueblo. Cuanto más leen en su infancia los miembros de una nación, más porcentaje de ciudadanos destacados habrá en todas las disciplinas del saber. Observemos la historia y verificaremos esta realidad.

2. Sin aliciente no hay acercamiento a la palabra

La conclusión es simple: el hombre actual lee cada vez menos; una actividad tras otra lleva a posponer la lectura para otro momento, y así van pasando los días, semanas, meses y años.
Al no encontrar un aliciente a su alrededor, quien tiene algún interés por la lectura corre el riesgo de recibir el mensaje social: hay otras prioridades.
Así, los libros van quedando a un costado, esperando algún día ser rescatados del olvido. Esta situación no sólo se multiplica sino que se prolonga en el tiempo, y de no producirse un cambio en el mundo, los libros quedarán cada vez más relegados.
Además, el lector se siente cada vez más solo; una isla en medio del océano tecnificado y silencioso (pues el diálogo va desapareciendo). El paso siguiente es esconder los libros que lee en los medios de transporte, pero si no lo hace al tenerlos en su mano dará un claro mensaje a quienes lo rodean: no todo está perdido y todavía hay quienes resisten, en la certeza de la llegada de la victoria.
Cuando la palabra escrita va quedando en el olvido y la ciudadanía lo tolera, una nación comienza el camino hacia la decadencia. De hecho, esta situación ya se ha producido: los hábitos de la lectura y la escritura han ido quedando relegados, no ocupando ya el prioritario lugar que tenían en otros tiempos, cuando la cultura y el amor a las artes eran valores que junto a la honestidad se enseñaban desde la cuna.

3 Una pregunta introspectiva

Podemos preguntarnos si nos atrevemos, mirando hacia atrás y comparando tiempos no tan lejanos con el presente, qué es lo que nos ha pasado.
La respuesta es tan simple como contundente: el amor a la lectura y la escritura, que los establecimientos educativos deberían tener como prioridad en sus programas de enseñanza, se ha ido evaporando como la arena entre las manos de un niño.
No significa esto que en los establecimientos educativos no se practique la lectura o no se enseñe la escritura. Lo que ocurre es que ninguno de ellos es ajeno al mundo circundante, del cual vienen día a día los alumnos con su realidad cotidiana, su escala de valores, y vuelven a partir sin haber producido un cambio positivo en este sentido.
No hay un sentimiento de culpa o remordimiento sociales por no practicar la lectura; por el contrario, otras prioridades y actividades más llamativas atraen a los jóvenes y en una falsa opción se presentan como alternativas a la lectura, en lugar de complementarse. Además, los docentes se dejan llevar a menudo por la corriente mayoritaria, privilegiando la tecnología en la civilización de la imagen por sobre la reflexión a la que conduce el sano hábito de leer.
Sería ingenuo, por otra parte, centrar las culpas de lo ocurrido en docentes o establecimientos educativos.
Un claro ejemplo al respecto es la República Argentina, país que sufrió una grave crisis económica, política y social, a fines de 2001 y principios de 2002, en la cual el cambio abrupto de reglas de juego fijó nuevas urgencias y prioridades, dando un primer lugar a lacobertura de necesidades elementales, tanto personales como familiares.
La racionalización de gastos familiares fue muy estricta, y nuevamente todo lo relativo a lectura y cultura sufrió una postergación, ya que la realidad muestra, aunque sea lamentable, que los libros por sí mismos no alimentan, salvo cuando usamos lo aprendido en ellos para procurarnos recursos.
Sin embargo, al ir produciéndose la recuperación del país hubo un resurgimiento del deseo de leer y escribir; muchos acontecimientos culturales producidos después de la crisis mencionada así lo demuestran.
Por ello está dado el terreno para que el cambio sea posible. Buscar los motivos del problema nos llevará a plantear soluciones, simples y al alcance de la sociedad, sin que sea necesario un sacrificio económico.
Para ello, es importante potenciar el uso de muchos recursos ya existentes, a nuestro alcance, pero en cuyas ventajas quizás no hemos pensado hasta ahora lo suficiente.
Nada de lo antedicho implica desmerecer la tecnología y la civilización de la imagen, que serán mejor aprovechadas por una mente ágil y cuestionadora, acostumbrada a la lectura.

4. Escribir, un acto creador

Consideremos el acto de escribir: éste no se limita a la reproducción mecánica de textos en un papel o una computadora. Por el contrario, implica una ilación de ideas, que deben formularse de manera individual y expresarse de manera correcta, sin faltas de ortografía. Si también acá nos preguntamos cuánto tiempo por día escribimos -con estas características- el examen de conciencia será aún más severo.
No puede haber escritura sin lectura previa. La lectura activa lleva a escribir y la escritura conduce a la cultura y el desarrollo de una nación.

5. Rescatar la lectura es rescatar al ser humano

Los mencionados son sólo algunos de los factores que han llevado a que la sociedad abandonara la lectura.
Hay soluciones a este problema y están más cerca de lo que pensamos. Corresponde a los ciudadanos ejercer la creatividad que lleve a una recuperación del hábito de la lectura y a las autoridades implementar las ideas que al respecto puedan presentarse.
Ejerzamos nuestros derechos sociales, humanos y culturales para que la palabra escrita sea patrimonio de todos. Alberto Auné

Leer, un hábito que nos engrandece (Fuente: Guillermo E. Gettig Jacob, http://www.wikimedia.org)

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