Los jóvenes: a menudo postergados, siempre necesarios

· política, sociedad
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El poder en sus diversas formas excluye a quienes tienen menos edad, en una autodefensa absurda que busca conservar estructuras obsoletas.

Amnesia a la hora de agradecer

La historia muestra que después de cada guerra o crisis por la que ha pasado un país los ojos de la sociedad el balance muestra que la juventud es el sector que más ha aportado y también el menos reconocido.
Los conflictos bélicos se llevan vidas jóvenes mientras otros arman estrategias en cómodos escritorios; las crisis económicas, laborales y sociales absorben ilusiones y proyectos que al caer ya difícilmente podrán volver a ser comenzados, situaciones que se repiten una u otra vez.
Los cementerios que guardan restos de caídos en campos de batalla guardan esta verdad, que está a la vista de todos pero muchos parecen ignorar, con los restos de quienes enfrentaron al enemigo obedeciendo órdenes de burócratas que no corrieron riesgo alguno en el fragor del combate y redujeron los ejércitos bajo su mando a simples estadísticas.

Saber dar el espacio merecido

Muchas veces nos preguntamos si las instituciones tienen capacidad para absorber a los jóvenes; la respuesta es afirmativa y no necesitan mucho para poder cumplir con esto. Sin embargo, es común que se olviden de ellos salvo cuando se necesita su colaboración o en períodos electorales, en especial en los entes que pertenecen al Estado y en los cuales se les hace creer que tendrán posibilidades laborales, siempre y cuando, por supuesto, gane los comicios el candidato que impulsa las promesas, las cuales quedarán olvidadas o postergadas al momento exacto de conocerse los resultados.
Muchos dirigentes políticos entusiasman a los jóvenes con la mística de la militancia, pero al momento de retribuir el esfuerzo realizado se hace presente una amnesia que permanece inamovible.
Las entidades educativas, profesionales, laborales y de toda finalidad digna en sus estatutos tienen un espacio para quienes en un tiempo serán adultos, pero a menudo no lo promocionan lo suficiente pues prefieren sigan en sus cargos los dirigentes de siempre.
El ingreso de los jóvenes a las instituciones debe ser claro en cuanto a requisitos, buscando se ajusten a los objetivos sociales, pero sin caer en un obstruccionismo burocrático que no hace más que cerrar puertas.
Observemos en especial a los partidos políticos y recordemos cuántas veces buscan atraer a la juventud pero a la hora de definir candidaturas en elecciones los lugares más expectantes en las boletas son ocupados por quienes ya lo han hecho una y otra vez.


Comunicar es integrar

A menudo parece haber dos lenguajes distintos, el del adulto y el joven, y esto ocurre también en las instituciones. La brecha generacional no se cerrará sin un diálogo entre ambos grupos, que tienen todo para encontrar un lenguaje común, el cual debe partir de las expectativas respecto al futuro.
El primer paso en este cambio de mirada debe venir desde lo institucional. Las personas de forma individual pueden hablar, criticar, pero los cambios se instrumentan desde adentro de las entidades.
Si este diálogo no se produce los jóvenes de hoy crearán sus propias instituciones y llegarán a adultos marcándolas con su cultura y valores, mientras los adultos de hoy dejarán caer las entidades en que se refugien, las cuales se irán apagando por motivos biológicos.
Cerremos la brecha generacional en las instituciones y se beneficiarán no sólo éstas sino también los individuos y la sociedad. Alberto Auné

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