Gilberto Freyre y su importante aporte a la futurología

· filosofía, pensamiento, política, sociedad
Autores

Gilberto Freyre (Fuente: http://www.wikimedia.org)

Este pensador brasileño presentó nuevos puntos de vista sobre esta rama del saber.

Entre los autores que analizaron esta disciplina, este pensador brasileño plantea enfoques que tienen vigencia para quienes deseen pensar sobre lo que ocurrirá en el mundo, señalando que ninguna rama del saber es independiente de las demás sino que todas se complementan para que pueda crecer el conocimiento.

Contenido

1. El ansia de saber qué ocurrirá
2. El conocimiento en el futuro
3. Gilberto Freyre: un enfoque interdisciplinario integrador


1. El ansia de saber qué ocurrirá

Muchos autores escribieron, en especial en la segunda mitad del siglo XX, sobre futurología; la mayoría de ellos concibe a esta materia como un anticipo de “lo que va a suceder”. Precisamente así, (“Lo que habrá de suceder: la década de 1975 a 1985” – Things to come, thinking about the 70 and 80) se llama un libro de Herman Kahn y Barry Bruce-Brigs, dos futurólogos estadounidenses, publicada en 1972 por la editorial Macmillan en Nueva York, que tuviera una gran difusión.
Hay en efecto un extendido interrogante sobre temas como la división del mundo según la economía y la política, la demografía, la cultura y otros, en especial con la llegada de las nuevas tecnologías.

2. El conocimiento en el futuro

Hay también otros autores a los que más les preocupa saber cómo será el conocimiento humano en el futuro, ya que éste es el que determinara la cantidad y calidad de los cambios a producirse tanto en lo político como en lo económico y social, entre otras áreas.
El hombre puede a través del saber producir cambios que son imprevisibles en un presente que, a medida que pasa el tiempo, nos prepara para un futuro en el que poco podemos prever y siempre contempla imponderables.
El pensador y escritor francés Bertrand de Jouvenel, quien viviera entre los años 1903 y 1987, fue un autor que planteó, en su obra El arte de la conjetura, la hipótesis de la “conjetura razonable”.
En ella sostiene que si bien es posible prever la marcha de los acontecimientos, esto debe considerar siempre que hay un margen para algún imponderable, ofreciendo al respecto un ejemplo elocuente: Luis XV, Rey de Francia, contrató un experto en política exterior que tenía las mejores referencias y un curriculum profesional que demostraba su capacidad.
Este analista trazó al monarca un completo cuadro del futuro de Europa, con todas las previsiones posibles, que permitiría al país galo optimizar sus posibilidades de relaciones políticas, comerciales y culturales con otros países del continente, ubicándolo en un lugar de privilegio. Sin embargo, omitió un detalle, lo que podríamos llamar un imponderable: la Revolución Francesa, que se iniciaría con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789.
Luis XV murió en 1774, sin saber lo que ocurriría casi una década y media después, cuando la historia se haría presente para cambiar no sólo lo que ocurriría en Francia sino también en el mundo.

3. Gilberto Freyre: un enfoque interdisciplinario integrador

Gilberto Freyre (1900-1987) fue un escritor y pensador brasileño que expuso importantes consideraciones sobre la futurología, entendida de la forma mencionada anteriormente.

Recordemos que su obra fue escrita antes de la irrupción masiva de internet, mostrando su capacidad de prever lo que ocurriría.
Según sostiene, la futurología es una de las posibles modernas ciencias del hombre.
Al respecto, retoma los lineamientos que habían sido trazados por el físico y novelista inglés Charles Percy Snow (1905-1980), quien en una conferencia efectuada en 1959 había sostenido que el quiebre de la comunicación entre las ciencias y las humanidades es uno de los principales obstáculos para solucionar los problemas del mundo.
Freyre aboga por una mayor compenetración entre ambos sectores de la cultura, ya que si ésta no se produjera, sostiene, deberíamos resignarnos a la peor de las guerras civiles.
También considera de gran importancia para la planificación de los futuros nacionales los posibles desprestigios de actividades que son actualmente reconocidas, o la pérdida de consideración pública por parte de actividades que en el actual momento –cuando diera a conocer este pensamiento- dan prestigio a quienes las ejercen.
Uno de los problemas que plantea el pensador brasileño es el de la enseñanza de algunas disciplinas, como matemáticas y ciencias físicas, a las nuevas generaciones.
También considera necesario que el futurólogo sea un especialista en ciencias sociales, un iniciado en ciencias naturales y un poseedor de conocimientos en matemáticas y física; de esta manera le será posible mantener diálogos en reuniones multidisciplinarias con profesionales de las ciencias naturales, físicas y matemáticas, con el objeto de emprender esfuerzos colectivos en planeamientos de futuros nacionales y regionales.
En los proyectos para el avance de la investigación científica, sostiene, es necesario favorecer a los llamados “individuos-genio”; es decir, preguntarse si es necesario privilegiar a la imaginación o a la actividad analítica y crítica de los proyectos colectivos.
Tuvo también coincidencias con Meter Brian Medawar, científico británico nacido en Brasil, quien recibiera en forma compartida el Premio Nobel de Medicina y sostiene en una de sus obras, El futuro del hombre, publicada en 1961, que es posible conciliar los extremos.
A principios del siglo XXI había aún sociedades y culturas que viven bajo cánones y estructuras que son arcaicas para la mentalidad media de habitantes de las grandes ciudades.
Empero, también existen grupos humanos en las áreas con mayor tecnología, como en algunas ciudades de Japón, que viven en un ámbito de grandes avances tecnológicos.
Esta situación se presentaba también en esa época cuando adultos de edad mediana y otros denominados mayores, que no habían tenido una formación actualizada en tecnología y eran considerados “analfabetos informáticos”, comparaban sus conocimientos al respecto con niños y adolescentes que habían nacido y crecido en un ámbito en el que internet representa todos los parámetros de la existencia.
En este caso es notoria la diferencia, no sólo en una forma de vida, sino en el vocabulario que utilizan distintas generaciones, el cual refleja la inserción cultural de cada una.
Según Freyre “tales grupos constituyen un material humano casi de laboratorio, de los cuales el futurólogo, cuidadoso de la parte analítica, crítica, experimental de su ciencia puede, completando al futurólogo hombre de genio, valerse para la comprobación de hipótesis que esté imaginativamente levantando sobre posibles futuros humanos”.
El autor, además, recuerda el caso de Suecia, que se presenta en varios aspectos, al futurólogo especializado en ciencias sociales, como uno de esos laboratorios abiertos para el estudio directo de las consecuencias visibles de desarrollos tecnológicos que ya regían en ese país.
Como científico imaginativo, sostiene Freyre, el futurólogo tendrá un especial resguardo de ser utópico o dejarse absorber por valores de una sola categoría, cerrándose a los que presentan otras.
Con este objetivo deberá suplir las dificultades para efectuar experimentos que permitan comprobar sus hipótesis, con el máximo de análisis crítico y de escepticismo científico de que sea capaz, siendo él mismo su propio “abogado del diablo”.
Así se opondrá a las ideas por él formuladas, admitiendo su comparación con otras diferentes e incluso o puestas y viendo en el futuro, en lugar de un destino único, posibles futuros susceptibles de ser, como construcciones de ciencia social, una suerte de esculturas móviles que, variando al capricho de los vientos, no los de la historia pasada sino de la venidera, conservan sus formas esenciales, posibilitando que éstas se ajusten a sustancias diversas.
La interrelación mediante la cual unos métodos abordan a otros y también lo hacen ciencias de un tipo a otras de distinto tipo, comienza a ser una característica de la época actual.
De esta forma, se presenta como una corrección o reacción ante las especializaciones a que llevara la cultura occidental, que estuvo orientada por los alemanes en los tiempos en que estaba regida por los profesores-doctores.
Por ello, la futurología debería hacerse a través de la reunión de distintos saberes interrelacionados.
Esto se debe a la necesidad de reconocer que los actores de la cultura son varios y ésta no puede depender de uno solo de ellos. Los saberes pueden tener un beneficio mutuo, llegando inclusive a entrar cada uno de ellos dentro de la estructura del otro, llevando a creaciones que tienen parte de cada uno.
Freyre no cree que los seres humanos permitan ser estudiados en laboratorio ni mediante el uso de las llamadas técnicas objetivas de verificación.
Por ello, sostiene, el futurólogo debe recurrir a métodos imaginativos y comprensivos, para poder efectuar proyecciones realistas. Alberto Auné

Nota: La mayor parte de las ideas de Gilberto Freyre aquí citadas están tomadas de su obra Além do apenas moderno, cuya edición española, bajo el título Más allá de lo moderno, traducida por María Josefa Canellada, fuera publicada por la editorial Espasa-Calpe en Madrid en 1977.

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