Adultez mayor: una etapa para vivir con proyectos y alegría

· psicología, sociedad
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La expectativa de vida aumenta y con ella queda atrás la posibilidad de que los años dorados conlleven una actitud pasiva y resignada; por el contrario, la fuerza y la alegría pueden extender una existencia con expectativas de realización.

El cuerpo cambia, el alma no

Una frase que alguien escribió hace tiempo expresa un sentimiento extendido: “Cada hombre desea vivir mucho, pero nadie quiere ser viejo”.
Esta expresión tiene algo de cierto al recordar que muchas personas no quieren llegar a viejas, pero omite decir que la verdadera vejez es mental, ya que la lucidez puede acompañarnos durante todas las etapas de la vida, como ha sido demostrado históricamente con ejemplos de políticos, científicos y personas destacadas en distintos ámbitos de actividad. Al escribir esta nota, en 2009, resuenan aún ecos de los festejos por los 90 años de vida de Nelson Mandela, luchador en contra del apartheid en Sudáfrica, nacido el 18 de julio de 1918, ex presidente su país y forjador de la paz en el mundo, quien sigue activo y trabajando por la humanidad.
Las distintas etapas por las que pasa nuestro cuerpo son versiones temporales del mismo, pudiendo realizarnos en plenitud en cada una de ellas, sin adelantar etapas ni pretender un retroceso que no es posible.


Evolución del cuerpo

Una teoría científico-psicológica habla de tres curvas en la evolución de la vida humana: la primera, fisiológico-reproductiva, llega a su punto más alto hacia los 24 años de edad, declinando a partir de los 35; otra, mental y creativa, que toca su máximo cerca de los 50 años y otra de tipo afectivo-experiencial que lo hace a los 65 años.
A partir de entonces el ser humano puede mantenerse en plena lucidez por el resto de sus días, con experiencia y sentimientos que unidos pueden darle muchas alegrías.


Proyectos y experiencia: una nueva juventud

El concepto de persona de la tercera edad o adulto mayor ha reemplazado mayoritariamente al de viejo o anciano; la mayor expectativa de vida ha dado un gran impulso a este sector de la sociedad, objetivo a veces de promociones comerciales y causante, debido a esa mayor expectativa, de desequilibrios fiscales en sistemas jubilatorios al haber más beneficiarios de pensiones con igual o menor aporte en términos reales.
La transformación del cuerpo no tiene que ver con la de la mente, que debe permanecer ágil y activa, ni la del corazón, que debe seguir sensible y solidario.
En lo personal, el autor de esta nota trata de mantener activa la mente, ya que órgano que no se usa se atrofia; entre otras cosas ha cursado en la última década dos carreras terciarias y se prepara para comenzar otra cumplidas ya las seis décadas y media de vida, siendo el estudio una experiencia que recomienda.
No sólo es el hecho de estudiar sino el de alternar con personas de todas las edades que buscan una superación que ayude a dejar atrás la mediocridad que brilla por doquier en una sociedad con gente adormecida ante todo hecho cultural.
Los años de esta adultez deben unir proyectos con experiencia, evitando la resignación que a nada conduce, a veces impulsada con actitudes de falta de respeto por parte de personas cercanas y hasta queridas.

Soledad, la peor enemiga

Hay una soledad antropológica, que algunos consideran resultante de una mayor individualidad del hombre ya realizado (por carrera laboral cumplida, hijos casados, gente cercana que se ha alejado por distintos motivos entre otras causas), hay otra más dolorosa, causada por la falsa idea de que muchas puertas se cierran para el adulto mayor, el cual, si no analiza ideas ni proyectos, no tiene más remedio que comenzar a vegetar y dejar que pase el tiempo.

Los mitos sobre la adultez mayor

Hay muchos mitos sobre los adultos de la tercera edad; algunos de ellos confunden edad con enfermedad y ante un problema de salud llega la frustración y depresión.
Otro mito es el de la imagen del abuelo feliz y tranquilo, resignado a participar de las reuniones familiares en un rincón de la mesa, limitándose a comer lo que le dan quienes bajo pretexto de evitarle problemas de colesterol lo privan de los placeres de un buen plato acompañado por un poco de vino.
Está también el mito de la jubilación según el cual, cuando ésta llega, si tiene la fortuna de recibir una pensión –cosa que no todos logran en estos tiempos difíciles- el jubilado se retira de la vida activa y debe dedicarse al descanso y temas de menor cuantía.
No olvidemos el mito de la resistencia al cambio, que nos quiere presentar un hombre mayor depositario de la tradición y el respeto a lo establecido; si esto fuera cierto el mundo se hubiera perdido, a través de la historia, muchas positivas revoluciones en el pensamiento, las costumbres y la política, impulsadas por quienes contaban con al menos seis o siete décadas de vida en su haber.
Los mencionados son algunos de los mitos que pretenden presentar una falsa idea de quien ha pasado ya varias décadas de vida y todavía busca la felicidad.
Sólo pierde el derecho a la dicha quien deserta de sus ideales; el espíritu que nos acompaña durante la existencia con nuestra escala de valores no nos abandonará nunca si no queremos que parta de nuestro interior para siempre.

Soledad psicosocial

En un contexto social en que se ha extendido la expectativa de vida, quedan sin embargo algunos hechos psicosociales que intentan causar una sensación de soledad en quien tiene una vida plena a pesar de los años.
Uno de ellos es que la familia conocida hasta ahora como tal, duradera desde su formación, no es la forma de vida más extendida en muchos sitios, debido a separaciones, formación de nueva pareja o no, convivencia entre personas del mismo sexo, etcétera.
Así la presencia del adulto mayor como referente familiar se va diluyendo en el tiempo, pudiendo llevar a crisis que no tienen motivo de ser si los motivos que las causan han sido previstos,
La pérdida de estatus familiar, los problemas económicos, la pérdida de familiares y personas cercanas por razones geográficas o biológicas, son algunas de las causas que pueden crear este sentido de soledad.

Exigibilidad del derecho a la vida

El tiempo obra sobre nuestro cuerpo, como se ha señalado, pero si cumplimos recaudos sobre salud evitaremos problemas.
Ante las dificultades siempre hay una posibilidad de rehabilitación para volver a la situación anterior; esto vale no sólo para lo físico sino también para lo mental y espiritual.
El derecho a la vida, que debe ser defendido desde el primer momento de la concepción, también es exigible durante toda nuestra existencia.
Si pensamos que estaremos en soledad de manera irremediable, ésta llegará para quedarse y será difícil echarla de nuestro lado.
Tengamos proyectos, amigos, optimismo y nuestra vida será más larga de lo que esperábamos. Nunca estaremos solos y la vejez como actitud mental quedará para quienes no quieren disfrutar, como debemos hacerlo, el milagro de la vida, que con sus transformaciones en nosotros y en los demás nos dice que siempre están presentes la alegría y el desafío del mucho por hacer. Alberto Auné

Adultos mayores en Chile, 2011. (Fuente: Gobierno de Chile, http://www.wikimedia.org)

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