Verdad, información y sociedad

· medios de difusión, periodismo, sociedad
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Los datos nos invaden y es necesario discriminar. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

En un mundo en que la información llega en tiempo real es imprescindible analizar los datos que nos llegan para no ser ovejas de un rebaño que los dueños del poder intentan mantener siempre dócil a sus designios.

La vorágine informativa del mundo actual es un hecho positivo, ya que en la aldea global todos tenemos acceso a datos y su actualización, lo que nos impide vivir aislados de la actividad circundante.
Los datos fluyen de manera continua, a lo cual ayuda la multiplicidad de medios y el aumento en esta posibilidad, que crece día a día: pequeños aparatos de televisión y radio, así como computadoras u ordenadores de bolsillo, televisores ubicados en lugares públicos, sin olvidar los datos que nos llegan a través de teléfonos celulares o móviles.
Todo esto conforma una suma informativa que agobia a quien recibe lo que se transmite si no sabe poner un límite, ya que al diluirse la diferencia entre lo público y lo privado caen las barreras y todo nos llega inclusive si discriminar entre lo bueno y lo malo.
Ha quedado atrás el tiempo en que sólo nos llegaban noticias en algunas horas del día y en lugares específicos, como nuestro domicilio, o donde elegíamos estar o leer.
Ya no podemos disociar la información del trabajo, pues las decisiones que a cada momento debemos tomar tienen como condición el haber obtenido antes un dato, una pauta que hace cada vez más difícil tomar esas decisiones, que a su vez pueden modificarse poco tiempo después si hay alguna nueva información que modifique la realidad.
Esto se verifica en varios campos de actividad, pero en especial en aquellos que conducen a decisiones no sólo personales o individuales sino también colectivas, de toda la sociedad o de parte de ella, como en los casos de política y economía; empero, esta gran afluencia informativa tiene varios riesgos que debemos analizar para evitar caer en errores.

Falta de datos objetivos

El primero de ellos es la manipulación por parte de quienes los elaboran y presentan al público, con el propósito de favorecer determinados intereses.
El avance tecnológico presenta toda búsqueda de conocimiento ya preparada hasta en el mínimo detalle. A medida que este avance se hace más fuerte, mayor es la dificultad para rastrear datos de una manera que cada vez aparece como más obsoleta.
Así los libros, las publicaciones periódicas y hasta los diarios, toda forma de información contenida en papel, van pasando de moda para dejar lugar a modernos medios que pueden ser, con la tecnología adecuada, manipulados de forma tal que en unos años las versiones que presenten de cualquier tipo de acontecimientos serán creíbles.
Quienes presentan la información lo hacen con una fachada de autoridad y solvencia que puede hacer confiar en la veracidad de sus asertos, llevando a que lo que sostienen se repita como verdad en una sucesión de datos que al pasar de boca en boca aparecen como veraces pero sin haber pasado por la debida verificación.


Recibir datos sin analizar su veracidad

El segundo riesgo, que refleja una actitud muy extendida actualmente, es la recepción pasiva, sin discusión ni cuestionamiento alguno, de todo lo que se nos presenta como verdad absoluta.
Recibir datos y noticias sin procesarlos y verificar su autenticidad es una actitud tan común como riesgosa, que es necesario evitar. Si lo hacemos, podremos ser libres ante todo lo que se nos quiera presentar como una verdad absoluta cuando en realidad no lo es.
No hay tiempo para reflexionar sobre lo que leemos, vemos o escuchamos en los medios y esta verdad absoluta, a veces manipulada para hacerla aparecer como tal aunque no lo es, se presenta y es aceptada.
Este trabajo de presentar la información como objetiva cuando en verdad tiene un manto de subjetividad a través del cual se quiere inducir en el receptor una actitud de aprobación o rechazo respecto a una situación o a una posición política, filosófica o de cualquier disciplina de pensamiento, incluyendo la religión, es a menudo efectuado por profesionales que conocen la opinión pública.
Esta estrategia, a menudo de forma indirecta o subliminal, se utiliza en la publicidad, en la cual el receptor del mensaje debe tomar una decisión y se busca que sea la compra de determinado producto, creando primero en quien la recibe la necesidad de la adquisición. Además, en política, estas campañas en poco se diferencian de las que llevan adelante negocios, empresas y hasta supermercados: el candidato es el producto que consumiremos al emitir el voto y luego, aunque sintamos una decepción, deberemos esperar para el cambio a los próximos comicios y así sucesivamente.
Un convencido de algo por la publicidad se lo comenta a otro, con lo cual llega la afirmación de persona a persona y finalmente la sociedad en su mayoría o su totalidad dan como cierto lo así presentado.
Esta situación se presenta en especial en los países en que un gobierno de pensamiento único impone su visión del mundo a la ciudadanía, eliminando o imposibilitando la posibilidad de disidencia.
La rapidez de la búsqueda, la celeridad por conocer un resultado, nos hace creer que es cierto lo que se nos presenta como tal. Esto se verifica a menudo en medios de comunicación, en los cuales a menudo, a pesar de la exigencia profesional de verificar las fuentes, muchos periodistas no lo hacen y su información es a la vez repetida por otros. Cuando llega el momento de la desmentida, no todos lo hacen o dan a ésta el mismo espacio y categoría que tenía la información cuestionada.
Ante este panorama, queda volver a la reflexión, al desarrollo del intelecto, de las capacidades del ser humano para recibir una información, elaborarla y transmitirla con estilo propio.
Seamos un signo de pregunta viviente ante toda la información que nos llega y nunca aceptemos una verdad como tal hasta que no la hayamos verificado.
A menudo grandes monopolios informativos saturan los medios de difusión, muchas veces propios o controlados en el paquete accionario, con mensajes que, de manera natural o indirecta, presentan una noticia con una orientación determinada.
Debemos siempre preguntarnos el porqué de lo que nos llega como información, verificar sus fuentes y comparar los datos con otros de fuentes distintas.
Muchas noticias se nos presentan con un tono afirmativo, enfatizando afirmaciones y buscando no dejar tiempo para alguna pregunta que evidencie la libertad de pensamiento y el libre albedrío de quienes la reciben.
Esta actitud es necesaria para que evitemos no sólo que quienes tengan intereses determinados u obren equivocadamente nos transmitan lo que no es verdad, sino para evitar ser manipulados. Muchas de nuestras acciones y toma de decisiones se producen por información que nos llega.
Saber procesarla no llevará mucho tiempo y nos evitará consecuencias negativas para nosotros y nuestro entorno. Seamos libres en nuestras decisiones, comprendiendo que la libertad se gana día a día en el decisivo combate que se produce cuando impedimos que las decisiones de los demás tengan primacía sobre nuestro poder de elección. Alberto Auné

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