Lectura: un instrumento para el cambio social

Autores

Leer, la mejor herencia de padres a hijos. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

La lectura activa es una herramienta de construcción educativa y social que permite efectuar transformaciones positivas. Para ello es necesario el compromiso individual y social. Pongamos en marcha una transformación educativa desde lo personal y familiar hacia lo educativo y político.

Lectura activa es la antítesis de la lectura pasiva, en la cual recibimos las palabras como una verdad revelada. Si nos cuestionamos lo que leemos seremos libres y la invasión de imágenes que nos llega a través de los medios de difusión encontrará en nuestra mente una barrera infranqueable.
Pero para ello cada lector activo debe predicar la importancia de la lectura, así como de la escritura, el nivel superior de la palabra, ya que investigar el porqué del abandono de la lectura en la historia de un país lleva a buscar soluciones para revertir esta situación y avanzar hacia una nación mejor.
Si pasamos por la experiencia de volver atrás en el recuerdo de nuestra vida, tanto en lo individual como en lo social, y veremos que cuanto más cercana en el tiempo respecto al presente ha sido nuestra educación, en los niveles que corresponden a los actuales inicial y de Educación General Básica o su equivalente según el país, mayor es la cantidad de falencias que encontramos.
Por el contrario, si esos niveles educativos han sido cursados más atrás en el tiempo, encontramos una mayor solidez en conceptos, cultura y por supuesto asimilación de la lectura como elemento que permite elaborar recibir y elaborar conocimientos.
La conclusión es simple: el hombre actual lee cada vez menos; una actividad tras otra lleva a posponer la lectura para otro momento, y así van pasando los días, semanas, meses y años, hasta que se hace imposible que el espíritu se cultive con el placer de leer.


Demos importancia a la lectura

Al no encontrar un aliciente a su alrededor, quien tiene algún interés por la lectura corre el riesgo de recibir el mensaje social: hay otras prioridades, con lo que los libros van quedando a un costado, esperando algún día ser rescatados del olvido. Esta situación no sólo se multiplica sino que se prolonga en el tiempo, y de no producirse un cambio cada sociedad será un ámbito en el que los libros quedarán cada vez más relegados; cuando esto ocurre y la ciudadanía lo tolera, una nación comienza el camino hacia la decadencia.
De hecho, esta situación ya se ha producido: los hábitos de la lectura y la escritura han ido quedando relegados, no ocupando ya el prioritario lugar que tenían en otros tiempos no tan lejanos, cuando la cultura y el amor a las artes eran valores que junto a la honestidad se enseñaban desde la cuna.
Podemos preguntarnos, mirando hacia atrás y comparando esos tiempos no tan lejanos con el presente, qué es lo que nos ha pasado como personas y como sociedad.
La respuesta es tan simple como contundente: el amor a la lectura y la escritura, que los establecimientos educativos deberían tener como prioridad en sus programas de enseñanza, se ha ido evaporando como la arena entre las manos de un niño.
No significa esto que en los establecimientos educativos no se practique la lectura o haya dejado de enseñarse la escritura. Lo que ocurre es que ninguno de ellos es ajeno al mundo circundante, del cual vienen día a día los alumnos con su realidad cotidiana, su escala de valores, y vuelven a partir sin haber producido un cambio positivo en este sentido.
No hay un sentimiento de culpa o remordimiento sociales por no practicar la lectura; por el contrario, otras prioridades y actividades más llamativas atraen a los jóvenes y en una falsa opción se presentan como alternativas a la lectura, en lugar de complementarse.
Sería ingenuo, por otra parte, centrar las culpas de lo ocurrido en docentes o establecimientos educativos.
Por ejemplo mi país, la República Argentina, pasó por una grave crisis económica, política y social, en 2001/2, en la cual un cambio abrupto de reglas de juego fijó nuevas urgencias y prioridades, dando un primer lugar a la cobertura de necesidades elementales, tanto personales como familiares.
La racionalización de gastos familiares fue muy estricta, y nuevamente todo lo relativo a lectura y cultura sufrió una postergación.
Sin embargo, al ir produciéndose la recuperación del país hubo un resurgimiento del deseo de leer y escribir; muchos acontecimientos culturales producidos después de la crisis lo demuestran.
Por ello está dado el terreno para que el cambio sea posible. Buscar los motivos del problema nos llevará a plantear soluciones, simples y al alcance de la sociedad, sin que sea necesario un sacrificio económico, para lo cual debemos buscar potenciar el uso de muchos recursos ya existentes, a nuestro alcance, pero en cuyas ventajas quizás no hemos pensado hasta ahora lo suficiente.
Consideremos el acto de escribir: éste no se limita a la reproducción mecánica de textos en un papel o una computadora. Por el contrario, implica una ilación de ideas, que deben formularse de manera individual y expresarse de manera correcta, sin faltas de ortografía. Si también acá nos preguntamos cuánto tiempo por día escribimos -con estas características- el examen de conciencia será aún más severo.
No puede haber escritura sin lectura previa, así como el niño no puede correr ni practicar deportes sin haber aprendido primero a caminar. La lectura activa lleva a escribir y la escritura conduce a la cultura y el desarrollo de una nación.
Los mencionados son sólo algunos de los factores que han llevado a que la sociedad abandonara la lectura.
Hay soluciones a este problema y están más cerca de lo que pensamos. Corresponde a los ciudadanos ejercer la creatividad que lleve a una recuperación del hábito de la lectura y a las autoridades implementar las ideas que al respecto puedan presentarse.
Ejerzamos nuestros derechos sociales, humanos y culturales para que la palabra escrita sea patrimonio de todos.

Lectura y actores sociales, una alianza necesaria

La palabra escrita suma riqueza y experiencia a los años.
La agitada vida actual quita tiempo a nuestro encuentro con libros, diarios y revistas; recuperemos esta actividad a través de un trabajo conjunto entre hogar y escuela.
Un punto clave en la labor entre escuela y familia es el convencimiento de quienes componen esta última de que la lectura es un hecho reflexivo, y como tal debe ser asumida y luego transmitida al niño.
Muchas veces nuestros ojos recorren páginas de texto, creyendo que leemos; pero en realidad no lo hacemos como se debe: de manera reflexiva.
De allí la importancia de realfabetizar al adulto. Si éste toma conciencia de la necesidad de una lectura correcta, sabrá transmitirla a su familia.
Además, podrá trabajar de manera coordinada con la escuela en las propuestas y concreción de la labor de alfabetización temprana.
Si el adulto, miembro de la familia a la que pertenece el educando, no comprende la importancia de la alfabetización temprana en la formación del niño, todo esfuerzo en tal sentido será en vano, ya que al faltar la convicción interna es difícil obtener logros concretos.
Corresponde al adulto dar los ejemplos que el joven necesita, para de esta manera lograr que se repita una y otra vez el círculo virtuoso de la lectura que genera conocimiento y el placer que éste causa repercute en el ser humano, sin importar su edad.
El acto de leer tiene efectos multiplicadores positivos.
También se produce en el hogar una interacción recíproca ya como el adulto da al niño el ejemplo de una buena lectura, éste responde con preguntas e ideas sobre lo que está asimilando a través de la palabra escrita.
Esto reactiva en la memoria del adulto el proceso de acercamiento al texto escrito, efectuado de manera activa y cuestionadora de los conceptos recibidos.
Además, si el familiar del alumno siente el placer de leer como una experiencia personal, querrá transmitirlo al niño. Sin embargo, al conocer sus límites, sabrá que no puede hacer solo esta tarea, y requerirá la ayuda profesional del docente.
Así, familia y escuela avanzarán juntos en este objetivo.
Cada eslabón de la cadena de lectura y escritura cumple una función en estos procesos, y el adulto no es la excepción.
El adulto que lee vuelve a disfrutar la experiencia del acercamiento a la palabra escrita, comprendiendo que nunca es tarde para adquirir conocimiento. Podrá, de esta forma, avanzar en estudios e investigaciones, llegando inclusive a estudiar alguna carrera.
No hay límites al conocimiento. La lectura es un primer paso hacia una meta que nunca alcanzamos pero que, en un continuo desafío cada vez parece más cercana.
Leer, con la ayuda de la familia y la escuela, debe provocar a una elaboración propia de los conceptos recibidos, que llevará a la creatividad en el proceso de recepción y enunciación de ideas.
De esta manera el niño de hoy será mañana un adulto cuestionador, con ideas propias y dueño de la libertad de decisión en todos los aspectos de su orientación personal.

Comprehender el texto: ayudar a abarcar el conocimiento y a expresar ideas

La expresión “comprender” viene del latín “comprehensio”, que significa el hecho de entender una idea o concepto, que queda en nuestra mente como algo ya asumido.
La lectura debe tener una relación con el análisis y la elaboración de textos, y no meramente con pasar la vista por un papel con palabras, como vemos a menudo, sin producirse con este hecho el menor pensamiento crítico o cuestionador de la realidad que se afirma en el texto.
Este concepto debe ir incorporándose en contenidos introducidos gradualmente tanto en la familia como en los institutos educativos, en especial en nuevas ediciones de textos en los que se enseña a leer. La formación de la mente y el bagaje cultural de una persona se expresa si hay pregunta más que afirmación después de haber leído o escuchado un texto, mostrando que su asimilación del texto fue positiva y no meramente marcada por la pasividad sin cuestionamientos.
Es necesario incorporar esta idea en los libros de texto en los primeros niveles del ciclo educativo, cuando el niño comienza a forjar su relación con el texto impreso.
De esta manera, el docente podrá contar con los elementos que permitan afianzar en el alumno el amor a la lectura y la escritura, no como hechos aislados sino como partes centrales de la formación educativa.
El cuestionamiento debe dar paso a la expresión de ideas. El lector que no escribe está a menudo en la mitad del camino. Su respuesta a lo que recibe en el texto da la medida de su elaboración personal del mismo.
Cuando alguien nos expresa alguna idea de manera verbal, respondemos con palabras. Esta situación del mundo de la comunicación entre personas se manifiesta en los textos escritos, en los cuales es necesario responder con otra escritura. Nuestra capacidad para hacerlo mostrará la forma en que nos expresamos, así como en la expresión verbal nuestras palabras la presentan al exterior. También es un buen ejercicio para que nuestra mente se acostumbre a ser ejercitada a través de la comprensión de palabras y para que recordemos las normas ortográficas, a menudo menospreciadas en tiempos de transmisión de mensajes de texto a través de teléfonos celulares o móviles con abandono de esas reglas en aras de lo que creemos una más fácil comunicación pero que embrutece paulatinamente el cerebro.
El adulto debe inducir, con explicaciones y ejemplo, a que el niño comprenda lo que lee.
Para ello cuenta con la maravillosa herramienta de la palabra verbal. Lo escrito encuentra en ella un complemento que enriquecerá la mente del niño. Un ejemplo de esto se encuentra en los cuentos infantiles, que leídos en el hogar desarrollan la imaginación, llevando de pregunta en pregunta y de idea en idea a ejercicios de creatividad que ponen el basamento de la inteligencia que acompañará durante toda la vida.
El niño debe saber elaborar, pensar, cuestionar, a través de la recepción de la palabra escrita. En la medida en que el conocimiento se afiance en su mente será imposible imponerle una actitud pasiva ante lo que lee.
Las visitas a bibliotecas son muy importantes en la etapa de formación del alumno; las salas de lectura de estas instituciones son templos del saber que tienen pocos fieles en tiempos de la cultura audiovisual pero que tienen mucho para ofrecer.
El desarrollo de la escritura es el paso superior a una lectura rutinaria. Muchos grandes escritores fueron durante su infancia ávidos lectores.
El texto escrito puede además ser presentado por el niño al mundo exterior no sólo en papel sino también en internet, a través de foros, blogs y otras formas de participación virtual que surjan en el futuro.
La lectura pasiva debe pasar al olvido para transformar el acto de leer en un hecho participativo, creador de ideas, que ayude a transformar el mundo para bien de la sociedad. De otra forma, la recepción meramente pasiva de conocimientos será una etapa superada y el niño, a través de sus etapas educativas, obtendrá la libertad de opción que en muchos aspectos de la vida debe tener, como alumno hoy y como ciudadano mañana, para ejercitar su libertad y responsabilidad.
El adulto puede sumarse a esta actitud frente a la palabra escrita; a menudo también recibe de manera pasiva información que no es procesada y toma como cierta. Controlar y verificar las fuentes de lo que lee o recibe en un medio audiovisual será un primer paso para lograr una sociedad de hombres y mujeres pensantes y cuestionadores.

Crezcamos a través de la lectura

El acceso al texto escrito es tomado a menudo como un hecho pasivo, en el cual recibimos las ideas del autor, olvidando la actitud reflexiva que el lector debe tener.
Analicemos qué es lo que consideramos o definimos cuando hablamos de lectura. Si efectuamos un relevamiento entre la población, recibiremos una abrumadora mayoría de respuestas afirmativas a la opción “lee y escribe”.
De esta forma verificaremos el concepto popular de la unión de estas dos palabras. Son consideradas una habilidad más, que toda persona debe manejar para desempeñarse en cualquier actividad.
Al no ejercitarse con el paso del tiempo estas habilidades se atrofian, como toda disciplina o músculo que no tiene actividad o la desarrolla a un nivel mínimo. El concepto general de “leer y escribir” no va por lo general más allá de la recepción de textos de medios gráficos de difusión, sean éstos tanto diarios, como revistas o folletos.
La recepción de ideas es meramente pasiva, sin un análisis que permita elaborar el contenido del mensaje. Es necesaria la celeridad: un concepto tras otro ingresan en la mente y parecen estar relacionados, pero cuando se intenta encontrar algo de común entre ambos ya llega otra idea y así sucesivamente.
De la misma manera que en los medios y noticieros televisivos un tema tapa a otro y éste a otro más, que luego pasan al olvido, el concepto pasivo de lectura va obnubilando nuestra mente y nos impide crear un pensamiento propio.
Si tenemos alguna duda sobre esto, pensemos por ejemplo cuánto tiempo diario dedicamos a una lectura que exceda lo superficial, y el resultado nos llevará a un profundo examen de conciencia.
La transmisión del mensaje del emisor al receptor a través de un código común ambos no termina cuando éste llega, sino que debe generar reflexión y la posibilidad de ser nuevamente transmitido.
El concepto de lectura como un hecho activo lleva a que podamos reflexionar sobre las ideas recibidas y elaborarlas con nuestro propio vocabulario.
Las naciones que han logrado un desarrollo en aspectos como el cultural, social y económico, entre otros, cuentan entre sus ciudadanos a quienes transmiten las ideas que elaboran a partir de información recibida, generando un círculo virtuoso.
Participemos de la experiencia de una lectura activa; nuestro horizonte de comprensión se ampliará superando todo límite que hayamos pensado hasta este momento.

Un cambio social positivo es posible por medio de la palabra escrita.

Todos, sin excepción, estamos convocados a difundir el hábito de leer para el bien del individuo y la sociedad. Las ideas que aquí se presentan son un aporte a esta labor.
La mejor enseñanza es aquella que brindan quienes están convencidos de las ideas que transmiten. Por ello, es importante ir alentando, entre los alumnos del ciclo educativo, a aquellos que estén convencidos de la importancia de la lectura y la escritura como elementos forjadores de carácter, y quieran transmitirlo a los demás.
Si bien la sociedad en su conjunto puede ayudar en esta tarea, los mismos alumnos serán quienes tomen a su cargo la tarea de transmitir esta escala de valores.
Si los establecimientos educativos trabajan en planificar una estructura de apoyo a toda iniciativa que tomen los alumnos en este sentido no habrá un hecho masivo e inmediato, pero sí un basamento sólido de propuestas e iniciativas que en unos años permitirán verificar hechos concretos de cambio.
No es necesario que los alumnos de hoy sean docentes; sí que sean impulsores de la palabra, personas convencidas de que en sus ámbitos de trabajo, estudio y familiar la lectura debe ocupar el lugar que merece.
Los grandes cambios en la humanidad no se produjeron de manera repentina, sino de forma más lenta y profunda, y esta realidad que muestra la historia también se verifica en este caso.
Alentemos a los alumnos que quieran transmitir estos conceptos, ya que es necesario difundir la idea de que la educación no termina con el ciclo medio; ni siquiera con el nivel terciario o de posgrado. Por el contrario, es un trabajo de toda la vida. Los establecimientos educativos deben estar abiertos a sus egresados, con bibliotecas y espacios donde no sólo puedan continuar con el aprendizaje de la lectura y la escritura sino también transmitirlo a quienes los sucedan en el nivel educativo.
Ante una situación de crisis educativa a la que se ha llegado, sólo es posible hacer una reflexión en común entre los distintos grupos de la sociedad para encontrar una salida.
Un punto importante es el que se refiere a recursos: la idea de promover la lectura, así como muchos hechos culturales, que son consecuencia de ella.
Es necesario obtener la información necesaria, en cada área de la educación relacionada con la lectura. Esta información no puede recogerse por medios generalizados, como un cuestionario idéntico para todos los establecimientos del país, sino con las diferencias regionales que permitan integrar las distintas culturas del país.
Esta información será procesada, para después encontrar las soluciones que aparezcan como más creativas. Algunas de las que se indican en este trabajo pueden ser un punto de arranque para ello.
En esta recuperación de las capacidades de lectura y escritura de los alumnos es también importante indagar en los espacios que algunos consideran alternativos a la educación formal, pero que si bien existen fuera del ámbito escolar que conocemos son también espacios creativos, donde los códigos del joven encuentran un ambiente propicio.
Así, el lenguaje cotidiano es un punto de partida para presentar la lectura y su comprensión como un paso incluyente de la base de diálogo que ya existe.
De aquí, reiteramos, la necesidad de que se promueva el surgimiento de autores de literatura infantil con textos lo más diferenciados posible en cuanto a culturas no sólo regionales sino también costumbristas.
De lo que ya está como base se promoverá una cultura creativa, que desarrollará los hábitos de lectura, comprensión de textos y escritura de manera eficaz. Alberto Auné

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: