Nuestro primer email: nostalgia y tecnología

· internet, sociedad, tecnología
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Recordemos aquella dirección electrónica con la que nos iniciamos en la Web. Este email, esté hoy activo o no, nos acompañó en nuestros primeros pasos en internet y merece un homenaje.

Contenido

La primera dirección de email que tuvimos es como la primera novia o el primer novio: nunca se olvida.
La mayoría de nosotros la tuvimos en alguna cuenta gratuita, y así como en el caso de los amores humanos buscamos luego mayor capacidad, mayor memoria, mejor servicio, pasando luego a otros emails con más espacio y prestaciones.
2. Diversidad en la Web
Cada empresa que ofrece este servicio tiene diferencias con las demás, que le dan un perfil propio.
La arroba, parte de toda
dirección de email

También influye en nuestra decisión que en muchos casos es la llave para acceder a otros servicios, como los grupos o comunidades virtuales, que cada una de ellas tiene y nos permiten compartir ideas y conocimiento.

Así el servicio va más allá de la emisión y recepción de mensajes para insertarnos en el mundo y acceder a poderosos recursos, por lo general sin costo.

Desde aquellos tiempos de nuestro primer email, hemos crecido en el uso de la World Wide Web.
Vinieron mensajerías instantáneas, comunidades virtuales, blogs, videos y muchas otras prestaciones que se incorporaron a nuestra vida.
Si conservamos aquel primer email notaremos que ha crecido en tamaño, capacidad de almacenamiento y de transmisión de archivos, entre otros temas.
Los primeros megas de almacenamiento, cuya cantidad no llegaba a la de los dedos de una mano se han multiplicado hasta transformarse en gigas; los pequeños archivos que podíamos adjuntar se agigantaron también en tamaño y cantidad.
Con nuestro email accedemos a muchos servicios dentro de los grandes portales y es común que tengamos varias direcciones electrónicas, una paera cada portal.
3. Un amigo que nos acompaña
Si conservamos aún nuestra primera dirección electrónica de internet y le hemos sido fiel, no nos arrepentiremos de ello.
Nos acompañó en las buenas y en las malas; sabe de nuestra actividad, sentimientos y hasta de nuestros secretos más preciados, aquellos que no compartimos con nadie, ni con las personas más cercanas a nosotros.
Si lo hemos dejado, por algún motivo, sabemos al recordarlo que estuvo a nuestro lado en los comienzos del mundo virtual.
De una u otra forma, nuestra primera dirección de email estará siempre en la memoria y el afecto. Alberto Auné

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