29 de abril de 2003: nos deja María Muñoz, un ejemplo de trabajo y vida

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strong>Conozcamos un resumen de la vida de esta profesional, así como algunos de los rasgos que la distinguieron y el recuerdo imborrable que dejó en quienes tuvieron el privilegio de conocerla.

Contenido

1. Breve biografía

El 29 de abril de 2003 falleció en la ciudad de Buenos Aires (República Argentina) la locutora María Muñoz, a los 34 años de edad.

Había seguido la carrera de locución en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), institución estatal donde muchos profesionales hicieron sus estudios.

Entre sus trabajos podemos destacar el efectuado en Imagen de Radio, conducido por Juan Alberto Badía, habiendo conducido también junto a Horacio Embón en Azul Televisión, teleemisora que posteriormente volviera a ser, como antes de esa denominación, Canal 9. También desarrolló su labor en Radio Mitre y en el programa de TV VideoMatch, conducido por Marcelo Tinelli -en este caso como voz en off– así como en Utilísima Satelital. Siguieron, hasta que problemas de salud limitaron su actividad, labores en el programa de TV “Después de Hora”, que a la medianoche conducía Daniel Hadad por América TV y en emisoras del hoy grupo Infoabe, como Radio 10 y Mega 98.3.

En 2002 fue distinguida por la Asociación de Periodistas de Radio y Televisión de la República Argentina (APTRA) con el premio Martín Fierro. Después de esta distinción toma conocimiento de que sufría una enfermedad terminal y deja su trabajo para priorizar su salud.

Así, el 29 de abril de 2003 se apagó la luz de sus ojos y la dulzura de su voz dejó de acariciar los oídos de quienes la seguían a través de la radio y la TV. Con sus 36 años había logrado un merecido reconocimiento profesional, unido al cariño de quienes trabajaron con ella y de su público.

2. Su ejemplo de vida

En la noche en que nos dejara, el programa “Después de Hora”, conducido entonces por Antonio Laje y María Isabel Sánchez, quien la había reemplazado debido a la enfermedad que avanzaba, fue un homenaje a su vida y trayectoria. Ambos debieron sobreponerse al dolor que los embargaba y cumplir con el deber de informar.

El merecido afecto que recibiera de la gente, tanto del medio en que se desempeñaba como de fuera de él, rodeó su vida, dándole una sonrisa que transmitía la paz interior de su espíritu.

Un día supo que la cuenta regresiva había comenzado. Los profesionales de la salud que la atendieron hicieron todo lo que estuvo a su alcance, pero no fue posible detener lo irreversible.

En privacidad, sin difundir su dolor para no incomodar a los demás, fue pasando sus últimos meses entre nosotros, pidiendo especialmente no sea difundida su situación, lo que sus compañeros de trabajo respetaron, en un ejemplo de responsabilidad periodística.

Los últimos días en especial fueron los más dolorosos. Estuvo a través del tiempo y el espacio en aquel último grito de Jesús en la Cruz: Eli, Eli, ¿lama sabactani? (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?).

3. Memoria y presencia

Cuando nos dejó, el amor y cariño de quienes la rodeaban y conocían se agigantó en una despedida inolvidable de su presencia física, pues su spíritu siempre estará en medio de quienes la amaron.

El estudio de Radio 10, ubicado en la esquuina de Uriarte y Nicaragua, de la capital argentina, en que pasara tantas horas transmitiendo sentimientos positivos con su voz, lleva su nombre. Quienes por allí pasan, la recuerdan y saben que la honrarán buscando transmitir lo mismo que ella daba a los demás: esperanza y alegría de vivir.

En los canales de TV que tuvieron el privilegio de contar con su presencia su memoria quedó grabada en todos los que la trataron, desde conductores hasta maquilladores sin excluir ningún sector.

Siempre se dirigía con todo respeto a compañeros y compañeras de trabajo, de forma independiente de la labor que desempeñaban.

Sus hijos David y Lucía saben que crecen sin ella; en el año 2003 entraron en la adolescencia y llegaron a la adultez con la presencia de María en su corazón.

Sus colegas de labor y directivos del grupo de medios en que trabajaba dejaron a sus hijos una cantidad de testimonios de la vida de esta gran mujer, tanto escritos como en audio y en video, que les mostrarán siempre un motivo de orgullo y un norte en sus vidas.

Sin embargo, cuando quieran conocer algo sobre María, quizás no necesiten ir a estos testimonios. Les bastará con hablar con quienes la conocieron, trabajaron con ella y compartieron sus sueños, pues la partida de María Muñoz no ha sido en vano. Dejó en quienes la rodearon algo que se mantendrá y crecerá con los años: su espíritu, que quedó, repartido, en cada uno de ellos. Alberto Auné

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