10 de febrero de 2007: Parlamento estonio aprueba desmantelar el Monumento al Combatiente Libertador

· efemérides, historia, política, sociedad
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Este conflicto mostró un dolor residual más de la guerra.

La memoria y el respeto a los caídos en un conflicto bélico debe estar más allá de las ideologías.


1. Historia y opresiones
Las dictaduras siempre terminan mal. Esto es sabido, aunque algunos medios parezcan olvidarlo y ensalzan a regímenes totalitarios disfrazados de democráticos.
En este caso ha surgido, por motivos de memoria histórica, un problema entre dos naciones, Estonia y Rusia.
La primera de ellas sufrió la opresión nazi durante la Segunda Guerra Mundial y luego fue ocupada por el Ejército Rojo, pasando sin ser consultada a formar parte de la URSS durante cinco décadas, hasta que este imperio se desmoronó.
2. Una ley conflictiva
El Parlamento estonio aprobó el 10 de febrero de 2007 una ley para desmantelar una estatua que honra a las fuerzas armadas soviéticas, el Monumento al Combatiente Libertardor, a lo cual legisladores rusos respondieron el miércoles con la amenaza de imponer sanciones económicas a la república báltica.
En la ladera de Tinismiaqui, en el centro de la capital estonia, Tallin, había una escultura de bronce representando a un soldado soviético, bajo la cual yacían al menos trece miembros del Ejército Rojo, vencedor en la Segunda Guerra Mundial.
En Estonia cerca del 40 por ciento de la población, que habla ruso, considera que los soviéticos fueron libertadores de la nación, mientras al menos otro tanto cree que fueron ocupantes e implantaron una dictadura que asoló no sólo a los Países Bálticos –Estonia es uno de ellos- sino a otros países.
El presidente Toomas Hendrik Ilves vetó la ley el 15 de febrero, acusando al Parlamento de injerencia en temas del Poder Ejecutivo.
La ley había aprobada por el mínimo margen, lo que muestra la división que había en el país sobre el tema: 46 votos a favor y 44 en contra, disponiendo la demolición en 30 días del llamado Soldado de Bronce, visto por muchos como un símbolo de la ocupación soviética de ese país báltico tras la expulsión de los nazis.
3. Reacciones en Rusia y Estonia
El entonces vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Mijail Kaminin, calificó de “sacrílego e inhumano” el desmontaje del monumento, mientras el Ministerio de Defensa de Estonia informó que militares de su país habían comenzado la exhumación de los cadáveres que contenía el monumento, para su identificación y posterior sepultura en otro lugar, lo que está permitido a causa de una ley que establece que los restos de militares caídos en territorio nacional deben ser sepultados en cementerios.
4. Veto presidencial
El 15 de febrero de ese año el presidente estonio, Toomas Hendrik Ilves, vetó la ley. Sin embargo, el hecho de que su traslado haya sido aprobado por una norma parlamentaria lleva a reflexionar sobre la historia y la forma en que ésta deja heridas en un pueblo.
Los legisladores, representantes del pueblo en el Poder Legislativo, expresaron un sentimiento que para muchos sigue vigente al margen de la aplicación o no de esta norma legal.
5. División en un pueblo
El conflicto causado por el monumento ha dividido a la población de Estonia sobre el papel del Ejército soviético durante el conflicto mundial.
Para un observador extranjero el tema podría ser menor, pero no lo es para quienes han sufrido muchos años de opresión, primero bajo el régimen nazi y luego bajo el soviético, que ahogaron sus ansias de libertad cobrándose además muchas vidas.
El tema causó una profunda división en Estonia y puede tener importantes repercusiones en Europa, ya que si Rusia corta sus relaciones económicas con este pequeño país el bienestar de sus ciudadanos se resentirá.
6. Memoria y equilibrio
Al disolverse la URSS los grandes monumentos quedaron en algunos casos en su lugar y en otros fueron trasladados. El caso más emblemático es el del Mausoleo de Lenin, en la Plaza Roja de Moscú, que continúa en su lugar a pesar de que Rusia se integró al mundo capitalista.
Es necesario encontrar un equilibrio en cuanto a la interpretación oficial de hechos históricos que no divida al noble pueblo estonio y le permita, asumiendo el pasado, trabajar en el presente para llegar a un futuro de unidad por el bien de su nación. Alberto Auné

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