Grafología – Max Pulver: el símbolo de la Cruz en la escritura

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El desafío de conocernos a partir del grafismo.

Este gran investigador nos muestra la clave que permite al grafólogo develar lo que la letra muestra a partir de un espacio gráfico y dos líneas perpendiculares trazadas sobre el mismo; un viaje al interior de quien escribe que vale la pena emprender.


1. Grafología e inconsciente colectivo
Una de las más importantes escuelas grafológicas es la fundada por el suizo Max Pulver, destacado investigador que nació en 1889 en Berna, falleciendo en Zürich en 1952, ambas ciudades de Suiza, desarrollando durante su vida una intensa actividad como escritor, filósofo y psicoanalista.
Fue fundador en 1950 de la Schweizerische Graphologische Gesellschaft (Sociedad Suiza de Grafología), de la cual fue presidente hasta su fallecimiento, producto dos años después.
Publicó gran cantidad de artículos sobre grafología y libros sobre esta disciplina, de los cuales destacamos en este análisis El Simbolismo en la Escritura, aparecido en 1931, el cual plantea que el hombre refleja en su escritura los símbolos que están grabados en el inconsciente colectivo.
Presenta los grafismos como sobre una cruz imaginaria, con sus ejes vertical y horizontal, donde lo que apunta a lo positivo está en la parte superior y lo negativo en la inferior.
Por consiguiente, sostiene, el ser humano escribe y al hacerlo traslada al papel los símbolos que en su mente están presentes como parte del inconsciente colectivo.
2. El contexto histórico
La época en que se escribió esta obra era también de una fuerte presencia del simbolismo en artes como la pintura y la escultura.
Al mismo tiempo, Europa procuraba rehacerse de la tragedia de la guerra que entre 1914 y 1918 había sembrado de muerte al continente, y Estados Unidos intentaba salir de la gran depresión en que ese país había caído en 1929, con la crisis que comenzara en la Bolsa de Nueva York causando pobreza y desempleo. Nadie imaginaba la gigantesca tragedia que se acercaba a pocos años: una guerra mundial que asolaría al mundo.
El ser humano buscaba en el arte, la ciencia y la cultura, la unión entre lo espiritual y lo material, de forma equilibrada, para afrontar el siglo que avanzaba trayendo profundos cambios con la profundización de la revolución industrial y el nacimiento de un totalitarismo sin religión en la entonces Unión Soviética, entre otros factores.
En este contexto Pulver planteó la presencia del símbolo en la escritura como una expresión de lo interno del hombre, su espíritu o alma, que se trasladaba al papel.
Al escribir, cada hombre representa entonces no sólo a sí mismo sino a la humanidad. Los símbolos están allí, a la vista de todos, sobre un papel, pero no todos pueden verlos.
3. El todo de una obra de arte
Si observamos un cuadro o un vitral tendremos en una primera instancia una visión global: la totalidad nos impresiona. Sin embargo, un experto observará los trazos del pincel, la combinación de colores en el cuadro, o las figuras del vitral con más detenimiento en su estilo, colores e inclusive la variación que se produce durante el día, cuando recibe la luz del sol, sobre la obra y sobre las paredes cercanas.
La visión global llega a nuestra mente de una forma total, en una impresión que impacta a nuestro ser. La estructura de una obra se asemeja a la de una escritura: el profano verá las letras sin poder interpretarlas, mientras que el grafólogo llegará con su análisis al alma de quien las expresó sobre el papel.
4. Saber ver más allá
Hace tiempo se publicaron libros con figuras que, hechas por diferentes artistas, mostraban lo que algunos llamaban una “magia”: si se observaban durante dos o tres minutos, sin retirar los ojos ni cerrarlos, se veían figuras que el espectador común no había descubierto. La combinación de colores llegaba a la mente y el subconsciente captaba el verdadero mensaje del artista.
De la misma forma el grafólogo ve “más allá” en la escritura. Así lo hizo Max Pulver, “viendo” esos símbolos que el profano no alcanza a advertir.
Este fue el gran mérito de este autor: enseñarnos a ver lo que el simple ojo humano no capta, al menos en su totalidad significante.
El hombre escribe y transfiere al papel símbolos en forma de grafismos que son en realidad un mensaje de su ser interno al mundo circundante, para permitirnos conocerlo y si lo solicita ayudar a que esos símbolos, si reflejan un problema, se transformen en otros que muestren una vida positiva y con esperanza.
Esa es la misión del grafólogo.
5. Corrientes grafológicas del siglo XX
La obra de Max Pulver es la expresión de una de las escuelas grafológicas nacidas en el siglo XX, una de cuyas características es analizar la relación entre símbolo y escritura, puesta de manifiesto en sus trabajos e investigaciones.
Dentro de las corrientes grafológicas se originaron entonces tres, desarrolladas en especial en las cinco primeras décadas de ese siglo, que expresaron ideas que en una primera lectura parecen distintas pero que en realidad se complementan para expresar distintas facetas de esta disciplina.
La Escuela Mímica fue impulsada por el abate Jean-Hyppolite Michon (francés; nació en 1805 en Laroche-près-Feyt y falleció en 1881 en Baignes en Charente).
La segunda fue la Corriente Emocional, que tuvo su comienzo en Alemania y cuyos planteos fueran desarrollados por Curt Honroth, quien nació en la ciudad alemana de Hannover en 1898 y murió en Buenos Aires (Argentina) en 1966.
Según este autor, el grafismo o algunas palabras en especial muestran cambios o deformaciones que se producen al escribir: no llevamos al papel el nombre de alguien a quien amamos o apreciamos de la misma manera que el de quien detestamos o al menos nos es indiferente.
Las emociones internas, muchas veces no manifestadas de manera explícita, se transfieren al papel y permiten llegar al interior de quien escribe si se sabe interpretarlas.
Para Michon la escritura se basa en la mímica, concepto que fue ampliado por Jules Crépieux-Jamin (también francés, 1859-1940), quien perfeccionó ese concepto explicando que la escritura tiene siete sectores de análisis para conocer la personalidad de quien escribe.
Estos sectores son el tamaño, la forma, la dirección, la presión, la velocidad, la continuidad y el orden.
El tamaño indica la forma de comprender la vida y considerar la propia persona; la forma muestra las condiciones de la persona; la dirección trata la manera de pasar por la vida buscando objetivos tanto individuales como ante la sociedad; la presión expresa nuestra fuerza o debilidad orgánica y sus causas; la velocidad expresa la celeridad o no de comprensión de ideas; la continuidad indica la forma de relacionarse con el mundo exterior y el orden muestra la impresión de conjunto, la organización y claridad o confusión de ideas.
En líneas generales puede decirse que la grafología emocional penetra en el subconsciente del individuo, y se basa este sistema en las modificaciones que se producen en el grafismo o en determinadas palabras clave, por deformaciones debidas a las emociones producidas en el momento de escribir.
6. Presión y sentimientos
En verdad, no escribimos de la misma forma el nombre de una persona a la que apreciamos que el nombre de una a la que aborrecemos.
Por ello, a través de un estudio grafológico es posible conocer aspectos internos de una persona, que ni ella misma sabe. Por ejemplo, si reflexiona antes de decidir o es vacilante; si su agilidad mental es lenta, normal, rápida o precipitada; si es una persona observadora o ingenua; si es ordenada o desordenada; si tiene o no tiene decisión. Cómo es su vitalidad física; si es impositiva o sumisa; cómo es su calidad en el trabajo; si es tímida; cómo es sexualmente; si es activa o perezosa; su grado de expansión o reserva en la comunicación; su sinceridad y muchos otros aspectos de su individualidad.
En este trabajo buscaremos presentar la relación existente entre el pensamiento de Max Pulver, -llevado a su nivel grafológico con el enunciado de su Cruz- y la situación de su época, así como intentar adentrarnos en sus escalas culturales.
7. La Cruz, un símbolo universal
Si analizamos este símbolo, compuesto por un eje vertical y uno horizontal que se cruzan de manera perpendicular, veremos que es uno de los que ha permanecido vigente a través de los siglos en el inconsciente colectivo.
Es importante, aunque parezca obvio, descartar en la Cruz una simbología religiosa. Ya aparecía en grabados anteriores al surgimiento del cristianismo, teniendo incluso algunas variantes de acuerdo a las distintas culturas o civilizaciones.
Para los egipcios era importante, y esto se refleja en grabados y jeroglíficos, la Cruz Ansata, que tenía un óvalo en su parte superior y estaba relacionada con la vida y la muerte.
También aparece en ilustraciones de la Grecia precristiana y en Asia, en este caso a menudo como la Cruz Gamada, que intentaba mostrar la fuerza con que gira el mundo, llevando la naturaleza y la vida. En la década de 1930 la toma el nazismo como símbolo iniciático y político, pero con su sentido de giro opuesto al de la verdadera y milenaria Cruz Gamada, que buscaba transmitir un mensaje de vida, transformándola en un símbolo de muerte, como muestra la historia de uno de los más horrendos proyectos, que llevara a la masacre y al holocausto de millones de personas.
8. Los ejes de la Cruz y el momento personal
La Cruz muestra, tomada en un contexto respecto al momento histórico en que se produce un hecho, un cruce de dos momentos.
El primero de ellos, compuesto por el eje vertical es el momento a través del tiempo, de la historia, de los acontecimientos en la sociedad; es el eje de la diacronía, cuya etimología se origina en el idioma griego dia (a través) y cronos (tiempo).
El segundo eje es el de los acontecimientos que se producen en la actualidad, en distintos lugares del mundo. Podemos definirlo como el eje de la sincronía, también del griego sin (con) y cronos (tiempo).
A continuación podemos ver la Cruz de Max Pulver, con las explicaciones correspondientes.
También este autor explica que la dirección del movimiento gráfico se produce según la “Rosa de los Vientos”, consideando a la presión como una tercera dimensión en la escritura.
9. Lo general y lo individual
Estos conceptos no sólo se aplican a la historia y el contexto general de la sociedad en su conjunto, sino también a cada uno de nosotros.
Así, cuando escribimos lo hacemos con nuestra historia personal a cuestas (diacronía) y también en un momento especial respecto a lo que nos rodea (sincronía).
Los acontecimientos sociales se originan en otros individuales; el hombre refleja en hechos como el escribir la influencia que recibe de la sociedad.
Por ello, la escritura refleja nuestra situación en un momento de nuestra vida y en un contexto determinado, de relación con el mundo que nos rodea.
Algunos grafólogos recomiendan repetir la escritura, para efectuar un mejor análisis de ella en la persona, que pasa por momentos distintos a lo largo de su existencia. En alguno de ellos puede pasar una etapa depresiva, por ejemplo, que se superará después pasando a una de mejor situación anímica o viceversa.
De esta forma, graficando con un ejemplo, es posible ver la vida y situación de la persona
10. Escribir, un acto personal y ancestral
Cuando una persona efectúa el acto de escribir, es representante de toda la humanidad en cuanto al cruce de los dos ejes mencionados en la Cruz.
El eje vertical, la diacronía, trae su historia personal hasta ese momento. Por parte, la sincronía es el contexto que lo rodea en la actualidad. Aquí consideramos la familia, el ambiente laboral, las relaciones de pareja, amistad, etc.; en síntesis: su mundo circundante.
En el conocimiento del cruce de estos ejes podemos ver con más luz la frase de Pulver “Quien escribe confecciona su propio retrato”.
En efecto; si una persona en determinado momento posa ante una cámara fotográfica, o solicita a un pintor le efectúe un retrato, el resultado será la persona tal cual es en ese momento.
Su aspecto puede ser de niño, adolescente, adulto o anciano. Su nombre no ha cambiado pero sí lo hace su cuerpo con el paso del tiempo.
De esta forma, en el cuerpo humano se verifica aquella frase del filósofo griego Heráclito: “Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río”.
11. Una palabra vale más que mil imágenes
Así como en la persona ocurre en la escritura: en el acto de escribir reflejamos y transmitimos el retrato de nuestro estado físico y espiritual en ese momento.
Esto tiene una ventaja sobre cualquier fotografía e imagen: nuestros trazos facilitan al observador conocer lo que ésta no muestra, sin posibilidad de ocultarla.
No conocemos cuál era la situación anímica o espiritual de la mujer inmortalizada por Leonardo da Vinci en el retrato de La Gioconda, expuesto en el Museo del Louvre de París, en el que se muestra sonriente ante quienes se acercan a compartir el placer de ver esta obra de arte.
Sin embargo, si tuviéramos unos trazos en un escrito de su mano, podríamos llegar a ese mundo interior que permanece oculto.
12. Grafismo y símbolo
Cuando analizamos grafismos vemos que éstos reflejan símbolos, los cuales permiten al grafólogo tener un mayor conocimiento de quien los escribe y llegar a establecer sus relaciones con tipos de conducta y procesos de pensamiento.
La estructura de símbolos y su interpretación expresa también una postura cultural distinta a la del conductismo, escuela que influenciara con fuerza al pensamiento científico en la primera mitad del siglo XX.
Esta escuela sostiene que el ser humano puede ser controlado si se aplican determinadas técnicas de modificación de conductas. Esto fue sostenido por varios importantes científicos, entre ellos Pavlov, quien realizara en la entonces Unión Soviética su famosa experiencia con un perro.
Este recibía comida unida al sonido de una campana, emitiendo saliva al escuchar el sonido. Cuando pasado un tiempo sólo sonaba la campana, sin haber comida, también exhalaba saliva.
13. Complementación de test y análisis grafológico
La grafología busca el conocimiento del ser humano mediante la escritura que éste efectúa, y para obtener este resultado combina los símbolos que quien escribe va formulando sobre el papel, reflejados en las letras.
Recordemos además la fuerte presencia de símbolos en cada test psicológico en el que se utilizan grafismos expresados en forma de figuras.
Estas figuras complementan la labor del grafólogo, permitiéndole tomar un mayor conocimiento del individuo que se ha expresado a través de ellas.
14. Max Pulver y el símbolo
Max Pulver no ha sido el primer graflogo que analiza en sus trabajos la influencia del símbolo en la escritura, pero sí ha sido el primero en darle este tema la importancia que se merece, por la publicación de un libro en el que analiza a fondo el tema.
Esto se produjo con la aparición en 1931 de su obra El simbolismo de la Escritura, en la cual plantea conceptos y cuestiones que tienen plena vigencia en la actualidad, a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación.
En una obra anterior, El Impulso y el Crimen en la Escritura, Pulver analiza otro símbolo: el de las cajas superpuestas, una dentro de la otra siendo la segunda de mayor tamaño.
Esta idea está presente en obras de arte de distintas culturas. La más conocida es la estructura de las matrioschkas rusas, en las que la figura de una mujer en madera se abre para mostrar otra menor y así sucesivamente hasta la última, la más pequeña de todas, que no se divide.
En ese trabajo el grafólogo suizo sostiene que en la escritura “los matices son muy finos”.
Además, expresa, que “los indicios o grupos de indicios en el número restringido de los elementos de expresión se prestan a una interpretación muy variada, porque la vida psíquica se compone de numerosas capas superpuestas. Para comprender este apilamiento complicado psíquico, se presta tan sólo una psicología que se ocupa de las profundidades de la persona”.
15. Símbolos e inconsciente
Pulver no sólo planteó en sus trabajos temas estrictamente grafológicos. La Cruz que presentara tiene connotaciones importantes.
Así, rescata uno de los símbolos presentes en el inconsciente colectivo del ser humano dándole una nueva dimensión al relacionarlo con la escritura.
Si observamos los primeros garabatos que escribe un niño encontraremos en ellos los símbolos presentes en el inconsciente colectivo.
El círculo, la cruz, en algunos casos el cuadrado o rectángulo aparecen, como si alguien hubiera impulsado la mano infantil para dibujarlos.
Evidentemente, en el inconsciente del niño están los símbolos mencionados, y sólo los exteriorizó. Mostró lo ya presente, develando lo oculto.
16. Carl Jung: arquetipos e inconsciente
Si leemos a Carl Jung en su obra Arquetipos e Inconsciente Colectivo, encontraremos un poco de luz sobre este tema.

En su trabajo sostiene:

“El símbolo es siempre un producto de naturaleza sumamente compleja, pues se compone de los datos de todas las funciones psíquicas. A consecuencia de eso n es de naturaleza racional ni de naturaleza irracional. Tiene, ciertamente, un lado que es accesible a la razón, por cuanto está compuesto no sólo de datos de naturaleza racional sino también de los datos irracionales de la pura percepción interna y externa. La abundancia de presentimientos y la preñez de significado del símbolo son cosas que hablan tanto al pensar como al sentir, y su peculiar carácter de imagen, cuando se configura en una forma sensorial, estimula tanto la sensación como la intuición”.

De este párrafo podemos deducir algunas conclusiones:
El símbolo es un hecho complejo, no simple, aunque así nos parezca en una primera observación. Contiene elementos racionales e irracionales y podemos producirlo sin reparar en ello.
Un ejemplo son los garabatos que a veces hacemos mientras hablamos por teléfono o tenemos otra actividad, como una reunión o una clase o conferencia.
Estos garabatos son hechos de manera inconsciente: el plano de la conciencia está ocupado en la atención a quien habla o al tema en cuestión.
Muchas veces estos garabatos son figuras geométricas: triángulos, cuadrados, círculos. Inclusive hay quienes han efectuado interpretaciones psicológicas respecto a quien los dibuja según la cantidad proporcional de cada figura geométrica en comparación con las demás en el total del o de los grafismos.
Esto también se da en la escritura. Si miramos con una lupa las palabras escritas por nosotros podemos descubrir símbolos ocultos entre las letras.
Nuestros grafismos son una muestra de que el símbolo está presente dentro de nuestra mente y lo expresamos casi sin darnos cuenta.
17. Símbolo y proceso de comunicación
El símbolo promueve por parte de quien lo observa sensaciones e intuiciones. A través de esa figura el inconsciente colectivo presente en quien lo emite se comunica con el que está también presente en quien lo recibe.
La teoría de la comunicación –que también ha sido denominada modelo del codigo, sostiene que este hecho se produce cuando hay un emisor, un mensaje que éste transmite y un receptor.
El emisor produce un mensaje según las normas de un código, que es transmitido al receptor a través de un canal o medio.
En el caso del símbolo el mensaje que éste transmite llega a través del tiempo –sin importar cuánto haya pasado- a partir de un emisor que ha hecho una figura a un receptor que en su mente conoce lo que ésta significa. Este hecho, que no es mágico, prueba que la humanidad tiene en su subconsciente elementos comunes a pesar de la diversidad histórica, geográfica y cultural.
18. Símbolo y conciencia arcaica
Max Pulver rescata y pone en evidencia el hecho de que en cada nuevo ser humano está presente una conciencia arcaica, memoria inconsciente que nace con él en forma individual pero que ya está presente en la humanidad de manera colectiva.
Podríamos también ejemplificar esta memoria colectiva e individual de la siguiente manera:
La electricidad en una casa está presente en los cables que conectan los distintos artefactos y se manifiesta por medio de cada uno de ellos, cuando entran en acción.
La electricidad es la misma, a partir de una central que la genera.
Sin embargo, está presente en todos los artefactos, de una u otra manera e intensidad.
No es lo mismo en cuanto a energía una heladera que una lamparita eléctrica, empero, en cada una de ellas la electricidad se manifiesta de manera distinta.
De la misma forma, la memoria de los símbolos universales está presente en cada ser humano.
Así, cada persona que dibuja o escribe sobre el papel transfiere estos símbolos y transmite un mensaje que es interpretado por quien tiene la capacidad profesional para hacerlo: el grafólogo.
19. Inconsciente colectivo y seres vivientes
La presencia de este inconsciente colectivo, una memoria ancestral, no sólo se manifiesta en los seres humanos, sino también en las especies animales.
Cuando al menos una vez al año las golondrinas efectúan su migración, viajando a menudo de un continente a otro o en distancias que se cuentan en decenas de miles de kilómetros, el ave que encabeza a las demás efectúa el viaje por primera vez.
Nunca lo había efectuado, y sin embargo una energía interior la conduce con certeza al destino deseado.
También hay un hecho de memoria colectiva en el caso de los castores, que recién nacidos ya saben cómo ayudar en la construcción de pequeños diques de contención de agua en arroyos y ríos de montaña.
Sintetizando este concepto, podemos decir que hay una memoria, un inconsciente colectivo en los seres vivientes.
En el caso del ser humano, esta memoria se manifiesta hacia el exterior en símbolos que produce mientras escribe.
20. El simbolismo en el campo gráfico
Analicemos algunos conceptos del Capítulo II de El Simbolismo de la Escritura. Este capítulo, denominado “El Simbolismo del Campo Gráfico”, ofrece algunas claves importantes para adentrarnos en el pensamiento de este autor.
20.1. Las dimensiones
El primer punto a señalar es que hablamos de niveles superior e inferior en la Cruz, aunque el autor aclara que “medida realmente, la escritura penetra muy poco en la tercera dimensión”, a pesar de lo cual “a colocamos instintivamente en el espacio”, por lo cual, cuando hablamos de espacio gráfico, “no se trata de un término utilizado por comodidad, ni de una expresión intelectual, sino de un hecho inmediato que nace si vivimos la escritura”.
Aquí entra a operar nuestro concepto del espacio, ya que “en nuestra mente el grafismo se sale del papel como un cuerpo, creando un espacio alrededor de sí”, lo que lleva a que consideremos la escritura “como perteneciente al espacio; es decir, la sentimos espacial”.
Sintetizando esta introducción, Pulver sostiene que “este sentimiento de espacio que llevamos dentro de nosotros es quizá el original y del cual ha nacido más tarde el de tridimensionalidad exterior”.
Así plantea el autor el espacio en la escritura. Si consideramos los trazos como absolutamente horizontales o verticales pero que se cruzan en una hoja de papel y siempre están en un mismo plano, toda interpretación que lleve a algo dimensional no tendría sentido.
La escritura, para Max Pulver, tiene dimensión, así como la tiene el ser humano que la produce, ocupando un espacio en el mundo.
Podemos añadir a estos conceptos los que utiliza para presentar la Cruz.
Al respecto, sostiene que “por el cruce de los ejes vertical y horizontal, corre la escritura como movimiento total hacia la derecha”.
Por ello, puntualiza que “para los europeos, que escribimos con la mano derecha, la escritura normal es la que se dirige hacia la derecha del eje central del cuerpo”, concepto al cual se presenta una imagen: “por simetría, ante un espejo, un movimiento normal de derecha a izquierda con la mano izquierda”.
20.2. Un concepto universal
Las palabras anteriores expresan la universalidad del concepto de Pulver sobre la Cruz y las dimensiones de la escritura.
Sabe que hay otras culturas y civilizaciones con otros sistemas de escritura. En algunas de ellas se utilizan grafías y tendencia de escritura opuesta a la occidental. Por ejemplo, las escrituras en idioma árabe, que se lee y escribe de derecha a izquierda.
Lo mismo ocurre en idiomas como el hebreo. Sin embargo, cuando Max Pulver publica su obra este idioma no tenía el uso actual, estando reservado sólo a textos sagrados de la Biblia. Recién el hebreo comienza a ser utilizado como lengua viva poco antes de la finalización de la primera mitad del siglo XX, cuando el Estado de Israel es reconocido por la Organización de las Naciones Unidas y lo designa su lengua oficial.
El gran investigador y grafólogo suizo plantea la simetría ante el espejo como una forma de acercarse a otras culturas, para las cuales se invierte la relación del eje horizontal de la Cruz, pasando de izquierda a derecha a la opción inversa si ésa es la orientación de la escritura.
21. La Cruz, Símbolo y sentido religioso
Max Pulver divide a la Cruz en zonas a partir del cruce de ambas líneas, horizontal y vertical.
Si analizamos la línea horizontal, veremos que lo positivo comprende la zona superior a ella y lo negativo la zona inferior.
Esta división no sólo refleja lo relativo a la escritura sino que se refiere a los grandes símbolos del ser humano.
En el plano religioso o espiritual, observemos las grandes religiones que han estado y están presentes en la historia de la humanidad.
En las creencias monoteístas, en especial en el cristianismo, lo positivo y espiritual está situado en las alturas y lo negativo y cargado de malicia en los subsuelos.
Ejemplos de estos son las ideas de cielo e infierno. El primero en lo alto, en una altura a la que el ser humano no llega. El segundo en lo más profundo de la superficie. Así lo han expresado, al menos simbólicamente, los teólogos y los denominados Padres de la Iglesia, como Santo Tomás de Aquino en su Summa Theologica y San Agustín en obras como La Ciudad de Dios.
No sólo el cristianismo tiene estos conceptos incorporados a su creencia.
En la cultura judeocristiana, así como en el Islam, los símbolos religiosos están en la parte superior del templo.
El sacerdote celebra misa en un altar ubicado a un nivel más alto que el de los feligreses, y las cúpulas del templo tienen imágenes de santos.
También toda imagen religiosa o estatua de santos están por sobre el nivel general de la superficie.
En las sinagogas, el lugar más alto está reservado para la Torá, y siempre las plegarias de los rabinos se efectúan hacia lo alto.
Todo lleva al espectador a mirar hacia arriba, donde se plantea están todas las cosas positivas relacionadas con la divinidad.
Sin embargo, el hombre necesita también lo material. Las líneas inferiores de una escritura no necesariamente indican algo negativo, aunque nos parezcan indicativas de los anhelos físicos. El ser humano es cuerpo y alma, y así debe encontrar un justo equilibrio.
Está también en el grafólogo descubrir este equilibrio o algún desvío en quien escribe, y orientarlo para que las cosas se mantengan siempre en su justo cauce.
El ser humano que vive sólo para el espíritu no se puede desempeñar con comodidad en el mundo material, y más aún en el mundo competitivo de hoy. Quien lo hace sólo para lo material pierde la dimensión del espíritu y lleva su vida a un nivel de amargura y de una sucesión de logros que jamás obtendrá, ya que siempre habrá quien tenga más bienes o satisfacciones materiales que él.
22. Platón: la Cruz antes del cristianismo
Si vamos más atrás en la historia, aun antes de la aparición del cristianismo, veremos que otro gran filósofo que analizara la imagen de la Cruz fue Platón.
Este gran pensador griego, quien viviera en los años 428 hasta 247 antes de nuestra era, planteó ideas fundamentales para el estudioso que desee comprender la historia del pensamiento occidental.
Estableció la denominación de khora para por medio de ella definir al espacio que se visualiza en el cruce de dos historias: la del mundo en que vivimos y la nuestra personal.
Así, el macrocosmos del universo, que tiene su propia evolución, se une al microcosmos de nuestra vida personal.
Esta unidad se manifiesta en forma puntual, en un momento determinado.
Por ello Platón lo simboliza por medio de una cruz.
El eje vertical de esta figura es el de la voluntad del ser humano, mientras que el horizontal es el de la inteligencia.
De esta forma se entrecruzan las fuerzas del deseo y voluntad (fuerza volitiva) con las de la mente (fuerza intelectual).
Este cruce es único e irrepetible en cada instante, que quedará grabado en la historia de la persona en que se produce y en la de su mundo circundante, que se verá afectado, de manera positiva o negativa, por este hecho.
23. Idioma y símbolo
Para comprender mejor el planteo de Platón es necesario incursionar en la morfología del idioma griego antiguo.
Esta lengua tiene dos vertientes: la clásica, con un uso más refinado, exclusivo de las clases altas, y la denominada coiné o popular, que era la de las clases más bajas, utilizada por el pueblo.
En ambas hubo variantes con el tiempo, pero siempre permaneció inalterable el significado de algunos verbos.
Entre ellos podemos notar la correspondencia de los verbos ser y estar, que para el habla castellana son similares a menudo, aunque tienen matices o significados distintos.
Son los únicos que no tienen objeto directo, es decir que la acción queda en ellos en el mismo sujeto que la realiza.
Para Platón, el eje vertical de la cruz se define con el verbo griego eimí, que se diferencia de otros vocablos de manera especial.
Significa ser, no estar ni representar o ideas similares.
El ser humano es quien es, por lo tanto, cuando escribe. No representa ni significa otra cosa que esto: ser.
Así, el eje vertical muestra la situación del ser humano respecto a la vida personal y lo circundante: si tiende hacia arriba o abajo, así se reflejará en cada ocasión en que su mano tome un instrumento para escribir sobre un papel.
24. Platón: sus escritos y los símbolos
Este gran filósofo fue más allá en sus escritos, refiriéndose inclusive a la descripción del universo, el mundo y el alma, entre muchos otros temas.
El alma tiene para este gran filósofo círculos en forma de X, siendo uno de estos dos ejes el que rueda sobre lo semejante y el otro sobre lo distinto.
En su obra Timeo presenta entre otros los siguientes textos, considerados clave para definir la interpretación del simbolismo del espacio:
33:
“(…) La composición del mundo incluyó la totalidad de cada uno de los cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra) (…)”.
“(…) que el conjunto fuera lo más posible un ser vivo (…)”.
“(…) La figura apropiada para el ser vivo que ha de tener en sí a todos los seres vivos debería ser la que incluye todas las figuras. Por tanto, lo construyó esférico, con la misma distancia del centro a los extremos en todas partes, circular, la más perfecta y semejante a sí misma de todas las figuras, porque consideró mucho más bello lo semejante que lo disímil (…)”.
35:
“(…) por el contrario, el Demiurgo hizo el alma primera en origen y en virtud y más antigua que el cuerpo. La creó dueña y gobernante del gobernado a partir de los siguientes elementos y como se expone a continuación. En medio del ser indivisible, eterno e inmutable y del divisible que deviene en los cuerpos, mezcló una tercera clase de ser, hecha de las otras dos. En lo que concierne a las naturalezas de lo mismo y de lo otro, también compuso de la misma manera una tercera clase de naturaleza entre lo indivisible y lo divisible en los cuerpos de una y otra. A continuación, tomó los tres elementos resultantes y los mezcló a todos en una forma: para ajustar la naturaleza de lo otro, difícil de mezclar, a la de lo mismo, utilizó la violencia y las mezcló con el ser. Después de unir los tres componentes, dividió el conjunto resultante en tantas partes como era conveniente, cada una mezclada de lo mismo y de lo otro del ser (…)”.
36:
“(…) A continuación, partió a lo largo todo el compuesto y unió las dos mitades resultantes por el centro, formando una X. Después, dobló a cada mitad en círculo, hasta unir sus respectivos extremos en la cara opuesta al punto de unión de ambas partes entre sí y les imprimió un movimiento de rotación uniforme. Colocó un círculo en el interior y otro en el exterior y proclamó que el movimiento exterior correspondía a la naturaleza de lo mismo y el interior a la de lo otro. Mientras a la revolución de lo mismo le imprimió un movimiento giratorio lateral hacia la derecha, a la de lo otro la hizo girar en diagonal hacia la izquierda y dio un predominio a la revolución de lo mismo y semejante, pues la dejó única e indivisa (…)”.
“(…) Puesto que el dios la compuso de estos tres elementos: la naturaleza de lo mismo, la de lo otro y el ser, la dividió proporcionalmente y después la unió. Cuando, al girar sobre sí misma, toma contacto con algo que posee una esencia divisible o cuando lo hace con algo que la tiene indivisible, dice, moviéndose en su totalidad, a qué es, eventualmente, idéntico, de qué difiere o de qué es relativo y, más precisamente, cómo y de qué manera y cuándo sucede que un objeto particular es relativo a lo afectado por otro objeto del mundo del devenir o del de los entes eternos e inmutables. Cuando en el ámbito de lo sensible tiene lugar el razonamiento verdadero y no contradictorio sobre lo que es diverso o lo que se mueve a sí mismo, y cuando el círculo de lo otro, en una marcha sin desviaciones, lo anuncia a toda su alma, entonces se originan opiniones y creencias sólidas y verdaderas, pero cuando el razonamiento es acerca de lo inteligible y el círculo de lo mismo con un movimiento suave anuncia su contenido, resultan, necesariamente, el conocimiento poético y la ciencia (…)”.
“(…) Cuando su padre y progenitor vio que el universo se movía y vivía como imagen generada de los dioses eternos, se alegró y, feliz, tomó la decisión de hacerlo todavía más semejante al modelo. Entonces, como éste es un ser viviente eterno, intentó que este mundo lo fuera también en lo posible. Pero dado que la naturaleza del mundo ideal es sempiterna y esta cualidad no se le puede otorgar completamente a lo generado, procuró realizar una cierta imagen móvil de la eternidad y, al ordenar el cielo, hizo de la eternidad que permanece siempre en un punto, una imagen eterna que marchaba según el número, eso que llamamos tiempo(…)”. “(…) “era” y “será” son formas devenidas del tiempo que de manera incorrecta aplicamos irreflexivamente al ser eterno. Pues decimos que “era”, “es” y “será”, pero, según el razonamiento verdadero, sólo le corresponde “es”, y el “era” y el “será” conviene que sean predicados de la generación que procede en el tiempo (…)”.
52:
“(…) Además, hay un tercer género eterno, el del espacio, que no admite destrucción, que proporciona una sede a todo lo que posee un origen, captable por un razonamiento bastardo sin la ayuda de la percepción sensible, creíble con dificultad y, al mirarlo, soñamos y decimos que necesariamente todo ser está en un lugar y ocupa un cierto espacio, que lo que no está en algún lugar en la tierra o en el cielo no existe. Cuando despertamos, al no distinguir claramente a causa de esta pesadilla todo esto y lo que está relacionado, ni definir la naturaleza captable solamente en vigilia y que verdaderamente existe, no somos capaces de decir la verdad: que una imagen tiene que surgir en alguna otra cosa y depender de una cierta manera de la esencia o no ha de existir en absoluto, puesto que ni siquiera le pertenece aquello mismo en lo que deviene, sino que esto continuamente lleva una representación de alguna otra cosa (…)”. (referencia directa a la khora).
“(…) Hay ser, espacio y devenir, tres realidades diferenciadas, y esto antes de que naciera el mundo. La nodriza del devenir mientras se humedece y quema y admite las formas de tierra y aire y sufre todas las otras afecciones relacionadas con éstas, adquiere formas múltiples (…)”.
25. Persona, carácter y destino
Para Max Pulver quien escribe, como ya se ha señalado, dibuja su propio retrato.
Este retrato de un momento determinado permite al grafólogo llegar a lo interior de la persona para así ayudarlo a construir su propio destino.
Este se forja por medio del carácter, que se expresa a su vez por medio de la escritura.
El ser interno de la persona se expresará en un papel, que representa el lugar en que se producirá esta comunicación. Será el ámbito en que el emisor transmitirá el mensaje, para que llegue al receptor.
Ambos tienen solamente este medio para comunicarse: una hoja de papel.
El mensaje que en ella se transmita no será el de las ideas o palabras que en ella queden expresadas. Esta será una primera lectura, la que será efectuada por el profano.
Sin embargo, el verdadero mensaje llegará al iniciado, a quien tiene las claves para descifrarlo: el grafólogo.
El sector de la izquierda de la línea vertical, en el caso de la escritura en grafía occidental, es el sector que se relaciona con el pasado. En el caso de que la mayor parte de la escritura cubra esta área, ello implica que aún no es posible para quien escribe ser el dueño de su propio destino.
Por el contrario, el sector a la derecha de la línea vertical indica el futuro, lo que está por suceder, mostrando al ojo avizor del analista la capacidad de imaginación y creatividad para enfrentar cada uno de los problemas a presentarse en el devenir de la vida.
Además, Pulver explica que no sólo es importante observar en qué parte de los sectores determinados por la Cruz, sino también como se escribe.
En el caso de una fuerte presión en la escritura, ella indica nuestra forma de incidir sobre planteos a partir de personas y situaciones; la presión es directamente proporcional, en más o en menos, a esta incidencia.
También son proporcionales, respecto a la importancia que quien escribe considera tienen las personas, ambientes y situaciones que lo rodean, el tamaño de las letras y los espacios entre palabras.
26. El signo gráfico y la persona
Para Pulver, todo signo gráfico expresa a la persona en su totalidad. No hay entonces a través de la escritura una manifestación parcial del interior de quien escribe.
Cada signo gráfico muestra la totalidad de ese interior; puede destacarse uno u otro aspecto pero nunca éste se encuentra aislado.
El grafólogo cuenta con los elementos para descubrir este interior; por ello debe capacitarse continuamente y no confiar en que lo aprendido hasta ahora ha sido suficiente: cada día el saber tiene nuevos aspectos a descubrir.
Inteligencia, afectividad y la voluntad son elementos que muestra la escritura al ojo avizor del profesional: cada uno de nosotros tiene una personalidad individual, una manera de ser y una forma única de escribir, lo que muestra la diversidad de los seres humanos.
Así como no hay en la humanidad dos personas que tengan huellas digitales iguales, no existen tampoco dos que tengan una escritura absolutamente similar.
Puede haber alguna coincidencia en un determinado momento de la existencia de ambas, pero si archiváramos estas escrituras veríamos que nunca serían iguales a lo largo de la existencia de cada escribiente.
27. Las tres zonas del espacio
Max Pulver sostiene que el espacio en el papel está dividido en tres zonas que se superponen entre sí: superior, mediana e inferior, las cuales muestran el contenido y el nivel de la conciencia.
Estos niveles son horizontales y permiten al grafólogo, si se analizan juntamente con la escritura que tiende a la izquierda o a la derecha respecto a la línea vertical de la Cruz, interpretar la escritura.
La zona superior muestra los valores más altos y positivos en una persona; a medida que la escritura está en una zona inferior éstos disminuyen.
Entre los valores que se analizan de esta forma están la solidaridad, sensibilidad, espiritualidad, intelecto, conciencia individual y la conciencia social, que excede a lo individual.
Además, la tendencia de la escritura hacia la izquierda indica la forma en que el Yo se relaciona con el pasado mostrando el nivel de introversión.
Por el contrario, si quien escribe lo hace con inclinación hacia la derecha indica la forma en que su Yo se relaciona con la sociedad, expresando que busca relacionarse socialmente, concretar objetivos y concretar objetivos hacia el futuro.
La línea horizontal de la Cruz indica el nivel de la conciencia de quien escribe.
28. Persona y escritura
Max Pulver efectúa una distinción entre personalidad y carácter de la persona que se expresa por medio de la escritura.
Cuando expresa, como ya se señalara, que quien escribe dibuja su propio retrato, considera que no hay conciencia de ello, así como el hombre no la tiene respecto de lo que ocurre en el 80 por ciento de su ser.
Recordemos, por ejemplo, la cantidad de actos que de forma cotidiana efectuamos sin tener conciencia de ello, en especial aquellos que son rutinarios. Nos vestimos, viajamos, tenemos alguna otra actividad que se repite de manera continua y mientras la ejercemos nuestra mente está en otra cosa.
Para Pulver la ambivalencia es muy importante, ya que según sostiene “todas las variaciones de la dirección del gesto escritural” son expresión de ella.
29. Arquetipos en la memoria colectiva
Cuando analizamos los símbolos presentes en el inconsciente colectivo, que han trascendido tiempos y culturas, consideramos también los arquetipos.
Esta palabra tiene su etimología en un vocablo del idioma latín, archetypum, que significa “prototipo ideal de las cosas o acciones”.
Si consultamos a un artista o creador sobre lo que considera bajo esta definición, obtendremos como respuesta que es el modelo original y primario que guía a los demás.
Jung lo considera una “norma, instinto o patrón de actividad psicológica, que conforma el inconsciente colectivo”.
Según este importante investigador, el ser humano tiene en su evolución distintas experiencias fundamentales que se repiten una y otra vez, quizás por millones de años.
Estas experiencias quedan en el ser humano a través de las sucesivas generaciones, constituyendo, junto con las emociones y afectos que las acompañan, forman un estrato residual debajo de la conciencia inmediata.
De esta forma, las nuevas experiencias tienden a ser organizadas de acuerdo al patrón existente.
El principal arquetipo a lo largo de la historia es la madre. Si observamos obras de arte de cualquier género -poesía, pintura, escultura, etc.- veremos que su imagen está presente en una mayor proporción que otras.
También el ser humano busca a la madre al nacer, y para ella son sus primeras palabras.
Carl Jung sostiene en su libro Realidad del Alma que “en el mundo primitivo de los hombres existía una especie de alma colectiva en lugar de una conciencia individual, la cual sólo surgió al llegar la humanidad a grados superiores de su desarrollo”.
El arquetipo es algo superior a la simple amplificación, en sentido jerárquico, del significado de la palabra idea en los textos de la filosofía griega antigua.
Expresa las formas sustanciales de lo perfecto, que existe desde siempre en el pensamiento de Dios. Cuando analizamos este concepto de la divinidad tengamos presente que no se refieren a una religión o dogma determinado sino a una primera fuerza creadora que dio origen al Universo. Tanto en este caso como en otros, no evaluemos a una cultura con los conceptos de otra sino ubicándonos en el contexto histórico y social en que de desarrolló.
30. Platón y los Arquetipos
Platón, como discípulo de Sócrates, sostenía que la ciencia consiste en lo universal y llega al conocimiento por medio de la abstracción, la cual determina una distinción entre dos mundos: el de las cosas sensibles, cercano a lo que considera “no ser” y el de lo inteligible, que es que representa el tipo, idea o ejemplar que el ser humano tiene como ejemplo.
En este mundo de lo idealista existe una jerarquía y a partir de su dialéctica se establece la claridad y el orden que se aplicarán en los conceptos.
31. La cultura y la imagen
Estos arquetipos, a través de los siglos, pasaron por distintas etapas según la cultura de la civilización que los aceptaba, pero siempre quedaron como ejemplo a seguir, mostrando una escala de valores a respectar pues están presentes en el inconsciente colectivo complementando los símbolos.
Cada cultura, civilización y sociedad tiene, dentro de una escala de valores universal, por ejemplo en ética y distinción entre el bien y el mal, algunos valores propios que se expresan de forma distintiva y complementan los símbolos.
32. Jung y los modelos de conducta.
Carl Jung sostiene que el ser humano, en el inconsciente colectivo, hereda modelos de conducta, por lo cual los arquetipos son predisposiciones o potencialidades presentes en cada individuo para experimentar y responder al mundo.
Sus seguidores sostienen que para superar la sensación de angustia y soledad a que lleva la civilización actual es necesario crecer a partir del inconsciente universal o colectivo.
Para Jung es necesario dejar la ilusión del mundo contemporáneo para tener la experiencia de las fuerzas universales y eternas que se encuentran en el inconsciente colectivo, llamadas “numinosas”.
Por ello estudió el Mandala, una serie de círculos concéntricos que, a partir de un núcleo, reproducen el trabajo de concentración y meditación, al que definió como expresión psicológica de la totalidad del ser.
Hay distintos tipos de mandalas, que atraen la atención de nuestra parte consciente e inconsciente, ayudándonos a un acercamiento al inconsciente universal.
Si vemos cada civilización y cultura, veremos que hay normas de conducta presentes de manera colectiva estableciendo valores y pautas a seguir. No es lo mismo el comportamiento de una sociedad occidental judeocristiana que otra que valora el Islam u otra que ha permanecido aislada de los grandes centros urbanos.
En los dos primeros casos, la religión fija escalas de valores y conductas que si son aceptadas a nivel general marcan principios a seguir por la comunidad, según muestran las normas sociales medias de conducta.
Sin embargo los sìmbolos del inconsciente universal, como la Cruz, el Círculo y otros, están presentes en obras de arte, dibujos y gràficos de todas estas civilizaciones.
CONCLUSION
Como hemos señalado al comienzo de este trabajo, quien escribe diseña su propio retrato, según las palabras de Max Pulver.
El ser humano es quien es en cada una de sus circunstancias.
Cada uno de nosotros, al escribir, saca afuera sus sentimientos, forma de pensar, escala de valores y hasta su situación de salud.
Sin embargo, no todos pueden interpretar la escritura. En esto no nos referimos a los conceptos vertidos en ella, sino a los grafismos y su significado.
El grafólogo puede hacerlo, pero para ello debe tener en cuenta los planteos simbólicos que presenta este gran investigador suizo.
En ellos, la Cruz, un símbolo del inconsciente colectivo por excelencia, representa al ser humano, representa la historia y situación personal unida a la de la sociedad, el mundo circundante.
Este símbolo se une a los arquetipos, presentes no sólo en el inconsciente colectivo sino en la conducta milenaria del ser humano.
Así, lo insondable del alma humana sale a la luz por la escritura. Trazando nuestro propio retrato por medio de letras y grafismos, nos expresamos de forma tal que quien quiera y pueda interpretarlos conocerá nuestro ser más profundo.
Haber expresado esto de manera clara y consciente es el legado de Max Pulver a las futuras generaciones de grafólogos y a la ciencia. Alberto Auné
BIBLIOGRAFIA
Libros:
– Derridá, Jacques: Khodra. Edl Galileo, Parìs, 1990.
– Jung, Carl: Lo Inconsciente. Ed. Losada, Buenos Aires, 1996.
– Jung, Carl: El Hombre y sus Sìmbolos. Ed. Losada, Buenos Aires.
– Platón: Diálogos VI: Timeo, Critias y otros. Eudeba, Buenos Aires 1970.
– Pulver, Max: El Simbolismo de la Escritura. Ed. Victoriano Suárez, Madrid.
– Diccionario Griego-Español/Español-Griego.
Otros:
Apuntes y escritos personales.

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