Alteraciones de la salud mental – neurosis y psicosis: aproximación

· ciencia, psicología, salud mental
Autores

Estas situaciones dañan cerebral y físicamente al ser humano.

Conocer las vías de destrucción de nuestro Yo nos posibilitará defendernos y evitar caminos equivocados que nos llevarían a peligrosas situaciones; esta aproximación busca ayudar a una opción positiva.


1. Alteraciones de la salud mental
La salud mental, como todo estado de bienestar o enfermedad del ser humano, puede ser modificada.
Cuando se produce algún cambio negativo el estado de salud se deteriora.
Hemos seleccionado para este análisis dos situaciones de deterioro del estado de salud mental, que no operan en forma absolutamente independiente sino que cada una tiene a veces resabios de alguna de las otras dos, o de ambas.
Estas tres situaciones son: 1) Neurosis; 2) Psicosis.
A continuación efectuamos una aproximación a cada una de ellas.
2. Neurosis
En la neurosis se reprime la significación primordial, y es necesario entonces remitirnos al término que utilizaba Sigmund Freud para caracterizar esta situación: Verdrängung (Represión).
Detengámonos en la relación entre ambas palabras: Neurosis como pérdida de salud mental en la estructura nerviosa y Represión como negación de posibilidades.
El término neurosis es importante en todo análisis relativo a salud mental.
Este término fue utilizado por diferentes entornos teóricos por lo que consideran que se produjo una cierta vaguedad y generalización en su utilización.
Por eso, después de una etapa de generalización se produjo un trabajo de clasificación y estructuración, aunque en la práctica es difícil encontrar una definición exacta.
En psiquiatría el término llegó a designar una importante variedad de síntomas y problemas, entre los que consideró a la neurosis como un grado moderado de perturbación dentro de un esquema lineal.
Sin embargo, en el caso del psicoanálisis resulta imposible no considerarlo una entidad validada, por lo que la utilización de la denominación conserva absoluta vigencia.
2.2. La sociedad actual
En el mundo competitivo de hoy es difícil poder salir adelante sin claudicar en principios o convicciones, o al menos sin dejar de lado algunas escalas de valores.
Esto crea en el individuo un conflicto. Si progresa, en mayor o menor medida esto puede ocurrir dejando de lado algunas satisfacciones o elecciones personales en cuanto a forma de vida.
Por lo tanto, estas posturas y puntos de vista personales se reprimen. Caemos en la palabra que usaba Freud… y vemos cómo muchos individuos expresan de una u otra manera un conflicto de su sistema nervioso, que no pueden calmar.
Fumar, hablar solo, tener algunos tics… son algunas de las tantas formas en que la represión se manifiesta.
En este sentido, verificamos la vigencia etimológica de la definición de Freud.
Además, la neurosis encarna la dinámica de una pregunta, pregunta sin una respuesta definitiva que no posee respuesta psíquica en relación al significante.
Así llega la duda, que debe ser resuelta en soledad, al igual que la histeria relacionada con la propia identidad sexual. Por ejemplo, en los casos en que una persona se siente hombre o mujer pero está en el cuerpo del género opuesto.
2.3. Puntualizaciones sobre neurosis
Dentro de esta enfermedad, podemos distinguir el nivel especial de neurosis obsesiva, que comentamos a continuación.
2.3.1. Neurosis obsesiva
La denominación de neurosis obsesiva no es considerada una entidad aparte sino que se la enumera dentro de los “trastornos de ansiedad”, y allí se encuentra enmarcado el llamado “Trastorno obsesivo – compulsivo”.
En este trastorno se presentan obsesiones y compulsiones que son reconocidas por las personas como excesivas e irracionales provocando un malestar clínicamente significativo e interfiriendo con la rutina del individuo, sus relaciones laborales (o académicas) o su vida social.
3. Psicosis
Las psicosis no entran en una clasificación determinada, ya que la clínica no ha producido una definición específica al respecto.
Para Lacan, las neurosis, psicosis y perversiones son diferentes resoluciones del Complejo de Edipo.
En el Seminario 17, define como “estructura” a lo imposible.
Sin embargo, posteriormente tendrá diferentes posiciones respecto de la estructura en su estatuto de real como imposible.
En su Seminario 24, analiza la posición de la debilidad mental y la posición de la psicosis, que son dos modos distintos de morir por la verdad según cada sujeto supla la falla estructural, o dos posiciones respecto del saber acerca de la relación sexual, de la que nada se sabe. Entonces, la posición de la debilidad, la posición de la psicosis.
Si hay ética hay sujeto y lo doloroso de la posición de la psicosis es la muerte del sujeto, que está incluso fuera de la moral ya que es inimputable para la ley jurídica. En la clínica se trata de dirigirse a hacer fracasar esa muerte, como un tratamiento posible.
Hay según Lacan diferentes posiciones acerca de la estructura en tanto real, a partir de enunciados que presentaban tres posiciones respecto del saber sobre la relación sexual.
Estas se basan en una deducción y su conclusión.
La primera es “el otro sabe todo de mí”, llevando a la posición de la psicosis; la segunda “el otro sabe algo de mí”, con lo que se llega a la posición de la neurosis, y la tercera “sé algo pero no” con lo que llegamos a la posición de la perversión.
Vemos cómo Lacan relaciona estas tres situaciones a partir de la concepción de la relación por parte del sujeto.
El psicótico no dispone de otro de sí, no hay recuperación de goce, no hay plus de goce; entonces, no hay localización de goce y la concomitante, recuperación.
Lacan sitúa al psicótico o al loco en el exterior, en un afuera no recuperable; exterioridad, goce, lenguaje, no están esencialmente disyuntos.
Esto implica un alejamiento de la realidad. Para cualquiera de nosotros hay un placer en la comunicación, lo que aquí no se da.
Observemos un diálogo entre dos personas: cada una de ellas hace lo posible para que la otra reciba las ideas que quiere transmitirle. El clásico esquema emisor / mensaje / receptor se reitera de manera continua en cualquier comunicación, sea ésta verbal, escrita o audiovisual.
Sin embargo, la psicosis obnubila esta comunicación y la vuelve imposible. Se anula el goce, el disfrutar de ser entendido y de esta forma no hay diálogo.
Lacan tomó las psicosis como elemento para avanzar en sus conceptos sobre psicoanálisis, y así lo demuestra en sus trabajos.
3.1. Psicosis y complicidad
La psicosis necesita a menudo de otra persona para exprsarse en plenitud.
Veamos algunas características que aparecen en estas situaciones:
En primer lugar, el tema no es científicamente cerrado, como en otras disciplinas. Siempre queda algo para seguir investigando, buscando una aproximación a la verdad.
Además, lo que se designa con el término de psicopatía no es exactamente coincidente en cada uno de estos enfoques, la superposición es sólo parcial.
En tercer lugar, debemos considerar que, desde la perspectiva de la semiología psicoanalítica, lo que la psiquiatría tradicionalmente delimitó como psicopatías aparece como una categoría compuesta por grupos heterogéneos.
Si vamos finalmente a un punto de vista más profundo según las distintas escuelas, recordemos que dentro del psicoanálisis en general y en la orientación lacaniana en particular, las psicopatías no han sido reconocidas de manera explícita.
3.2. Algunas definiciones
Freud definió las perversiones en su relación con las neurosis como el derecho y el revés, el negativo y el positivo. Las neurosis son a las perversiones, decía, como en una fotografía el negativo es al positivo. Podemos entonces aplicar esta oposición a la relación entre las neurosis y las psicopatías y verificar, de esta manera, cómo los rasgos se oponen punto por punto en el neurótico -especialmente en el obsesivo-, y en el psicópata.
El psicópata sólo puede ser calificado como transgresor desde el punto de vista de un observador externo. Desde su propia posición subjetiva no es ni se siente transgresor, hay una ausencia de culpabilidad que desdibuja los contornos y las barreras entre lo prohibido y lo permitido en el lazo social, se guía por sus propios códigos.
Hablamos de psicosis y complicidad pues en la sociedad actual se ha transformado el concepto de partener o partenaire que antiguamente era necesario para ser parte de la psicosis. El psicótico, recordemos, no ejerce su práctica solo sino que necesita de alguien.
En tiempos de Freud, Lacan, e inclusive hasta no hace mucho la persencia del partener debía ser física.
Asi el no definido límite entre psicosis y perversión se diluía y dos o más personas se encontraban para sus prácticas o hábitos personales.
Sin embargo, hoy no es necesaria la presencia física. Basta con la pantalla de la computadora, en la cual siempre hay alguien con disposición a compartir todo tipo de prácticas, y la soledad y privacidad ayudan a eliminar inhibiciones.
De esta manera se produce una reemplazo del partener o socio presente físicamente por otro que no está.
La retroalimentación se da de una manera efectiva. Una vez que se llega a un nivel de psicosis o perversión se tiene la conciencia de que esto no alcanza y que es necesario un paso más.
Siempre un paso más, hacia un abismo que está cercano a nuestros pies. Cuando creemos caer hay un corrimiento y no lo hacemos: seguimos avanzando, hasta que se crea una situación insostenible, con un grado de dependencia que pasa a ser esclavitud y de la que es imposible salir sin una ayuda que se hace cada vez más difícil pedir.
Esta situación, además, se ve favorecida por el anonimato. No es necesario que nadie golpee a la puerta, y tampoco nadie de quienes rodean al psicótico podrá sospechar lo que su conducta exterior no muestra.
Hasta que un día la persona pase un momento de crisis y la salida de ésta no sea por la mejor opción posible.
3.3. Sobre la definición de psicosis
En un tiempo las psicosis eran consideradas como una situación relacionada con la religión; por ejemplo, posesiones diabólicas.
A medida que la libertad de pensamiento y la cultura se fueron extendiendo a partir de la Reforma, se la vinculó más con la medicina, aunque con temor al contagio, llevando a sus pacientes a ser aislados.
Con el tiempo, la psiquiatría intentó transformar racionalmente los síntomas en signos objetivos, dando lugar a la intervención e investigación neurofisiológica y la psicofarmacología.
Cuando llega el siglo XX interviene el psicoanálisis, cambiando la política de acercamiento al paciente con una gran importancia al saber escuchar.
Por lo general leemos sobre esta enfermedad no en singular, definiéndola, sino pluralizando sus síntomas (“las” psicosis), entre ellos esquizofrenia, paranoia, delirios, etcétera.
3.4. Trastornos específicos
Algunos autores definen trastornos específicos.
Uno de ellos es el “trastorno esquizoide de la personalidad”, que se produce cuando el paciente tiende a actividades solitarias, y alejadas de las relaciones personales o familiares, sin amistades y con un escaso interés de tener experiencias sexuales con otra persona.
Por otra parte, el “trastorno esquizotípico de la personalidad” con ideas de referencia, creencias raras, pensamiento mágico, pensamiento o lenguaje raro, experiencias perceptivas inhabituales, incluidas las ilusiones corporales, suspicacia o ideación paranoide.
No necesariamente estas dos patologías se producen aisladas una de la otra. Es común que quien tiene una personalidad esquizoide no comparta con sus semejantes algunas posturas sobre creencias o percepciones, ante el temor de ser aislado de la sociedad.
La esquizofrenia, además, tiene al menos dos de las siguientes características: ideas delirantes (alucinaciones), lenguaje desorganizado con descarrilamiento frecuente o incoherencia (comportamiento catatónico), síntomas negativos (aplanamiento afectivo, abulia, alogia).
3.4.1. Aclaración sobre esquizofrenia
Esta situación muestra una disfunción social y laboral.
No se considera esquizofrenia: si la causal es por el consumo de sustancias o de una enfermedad médica asociada. Cabe destacar que el manual excluye de la clasificación de esquizofrenia a los trastornos ezquizoafectivo y del estado de ánimo.
3.4.1.1. Subdivisión
La esquizofrenia se subdivide según la sintomatología predominante en el momento de la evaluación.
Podemos así señalar los siguientes tipos y sus características:
Tipo paranoide: preocupación por una o más ideas delirantes o alucinaciones auditivas frecuentes.
Tipo desorganizado: el lenguaje muestra dificultades para ser orgánico, ello unido a un comportamiento desorganizado y afectividad aplanada).
Tipo catatónico: hay una inmovilidad motora manifestada por catalepsia, o actividad motora excesiva.
Trastorno indiferenciado: no se cumplen ninguno de los tres subdivisiones anteriores, paranoide, desorganizado o catatónico.
Tipo residual: hay ausencia de ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado y comportamiento catatónico o desorganizado, salvo que estén presentes en forma atenuada.
3.4.2. Segmentaciones del trastorno psicótico
También el trastorno psicótico puede dividirse en varios tipos.
3.4.2.1. Definición de las divisiones del trastorno psicótico
Trastorno psicótico breve: ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado, comportamiento catatónico o desorganizado durante episodios inferiores a un mes.
Trastorno psicótico compartido: Se da en el caso de al menos dos personas con una estrecha relación. Es uno de los objetos de este estudio.
Trastornos bipolares: Episodios o síntomas hipomaníacos o depresivos: provocan un malestar clínicamentre significativo o un deterioro social, laboral, o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
Trastorno delirante: En este caso hay en el paciente una sucesión de ideas extrañas durante al menos un mes.
Excepto por las ideas delirantes o sus ramificaciones, la actividad psicosocial no está deteriorada de forma significativa y el comportamiento no es raro ni extraño.
4. Conclusión
La neurosis, la psicosis y la perversión no siempre se manifiestan de forma tal que podamos conocerlas y actuar a tiempo para detenerlas o limitarlas.
Estos conceptos son una aproximación para poder conocerlas. La conslta a un profesional en salud mental, debidamente habilitado y matriculado, nos permitirá recibir la ayuda necesaria para que no invadan nuestro Yo y en caso de que nos hayan afectado encontrar el camino de salida que nos permita vivir en plenitud, con una salud mental que resista los embates de la sociedad y modo de vivir actuales. Alberto Auné

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