Mirar desde lo alto: otra perspectiva del mundo y del hombre

· ciencia, pensamiento, sociedad
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Las cosas toman su verdadera dimensión si las vemos a distancia.

Somos pequeños, aunque nos creamos gigantes… y la realidad nos lo demuestra.

1. Otra mirada
Desde un avión las ciudades parecen más pequeñas y a menudo tomamos conciencia de nuestro también pequeño tamaño. Cuanto mayor es la altura más perspectiva tenemos; de esto bien saben los astronautas y quienes han ascendido a alturas en la estratósfera o niveles superiores. Y más se sabrá y comprenderá esto a medida que pasen los años y la tecnología vaya avanzando.
La comprensión mayor de esto se dará cuando el hombre habite otros planetas de nuestro Sistema Solar y trate de descubrir la Tierra entre otros puntos en la bóveda celeste.
La Tierra, nuestro hogar, vista desde el Cosmos

Cuántas cosas, cuántos dramas y cuántas alegrías pasan bajo las nubes… El ser humano, gregario, vive en ciudades donde a menudo ignora lo que hace su vecino. La soledad es una característica de nuestro tiempo.
Viajamos, trabajamos, vivimos en una soledad cada vez mayor; la tecnología, que creemos nuestra aliada, en verdad es una cadena más que nos ata con esclavitud alejándonos del prójimo, que no es quien nos sonríe desde una pantalla sino quien vive a nuestro lado.

Desde lo alto vemos a menudo conjuntos urbanos donde viven centenares de miles de personas… La perspectiva nos hace pensar que si se unieran las cosas serían mejores en todo sentido.
Si vemos la totalidad de algo, como una ciudad o un país, nos duele pensar lo pequeños que somos y cómo los seres humanos peleamos y creamos divisiones que a nada llevan. Si alguien piensa distinto a nosotros a veces pasa a ser alguien que no merece nuestra amistad, cuando el verdadero parémetro de medición es la naturaleza de cada persona, en cuerpo y espíritu.
Lo mismo ocurre si medimos nuestra riqueza o los bienes que tenemos. Nada de esto nos hace mejores, ni nos lo llevaremos cuando termine nuestra etapa de vida en la Tierra. Como dijo el papa Francisco en julio de 2013, no se han visto hasta ahora camiones de mudanza en un cortejo fúnebre.

Durante el día desarrollamos muchas actividades pero siempre en relación con un grupo de personas o en forma individual. Así corremos el riesgo de creernos el centro del universo.
Con la llegada de las Nuevas Tecnologías, el ser humano tiende también a encerrarse en sí mismo, ya que puede desarrollar muchas de sus actividades desde un lugar como el hogar o la oficina sin moverse de allí. El individualismo está esperando para crecer dentro nuestro si no asumimos que somos parte de una sociedad.
La mirada desde lo alto muestra al ser humano como algo pequeño; las ciudades son luces que se prenden y apagan según transcurren el día y la noche, en las que vive gran cantidad de personas.
Somos entonces parte de ese gran núcleo que es la Tierra, de la cual necesitamos y la cual a su vez nos necesita.
También comprendemos entonces la necesidad de que la paz reine en el mundo para evitar que el hombre y el Planeta se destruyan mutuamente, así como la urgencia de mantener el ecosistema para que nada destruya nuestro hogar en el Universo y lo haga menos habitable.
2. Aceptémonos y aceptemos al otro
Cuando estamos en la superficie nos creemos más que el otro, pues no vemos otras alturas. Allá arriba tomamos conciencia de nuestra pequeñez. Por eso vale la pena vivir esa experiencia.
Quiizás no podamos hacerlo, pero siempre tendremos a nuestra disposición libros o medios audiovisuales que nos permitirán aproximarnos a esa sensación.
A partir de entonces conoceremos mejor al mundo y a nuestros semejantes; todos los seres humanos somos hermanos y habitantes de un mismo hogar, a pesar de nuestras diferencias físicas, sociales, étnicas o culturales.
No somos más que otros; aceptemos al otro como es y la ventanilla de un avión nos mostrará el humo de las fábricas en lugar del de impactos de armas en una guerra que separa y destruye al ser humano.
Si no podemos alejarnos a miles de kilómetros de nuestro lugar de vida, tomémonos unos minutos lejos de nuestro ambiente laboral o familiar. Silencio, pensamientos que llegan y vuelan y mirar a nuestro alrededor será una experiencia positiva.
La tensión nerviosa diaria dejará paso al espíritu que dentro nuestro quiere hablarnos.
Escuchémoslo, pues tiene mucho para decirnos. Y está a nuestro alcance vivir esta experiencia. Alberto Auné

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