Las horas de nadie

· sociedad
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Hay un tiempo en que la ciudad se transforma; conozcámoslo.

La cultura urbana no siempre es la oficial que se nos presenta como una verdad; en un día de 24 horas hay mucho para observar, en especial en los momentos en los que parece no ocurrir nada.


1. Una realidad olvidada
A veces, por motivos de trabajo, estudio o en forma ocasional, mucha gente termina sus actividades pasada la medianoche. Esto es cada vez más frecuente, debido a los cambios en la situación laboral acaecidos con la tecnología. Trabajamos de noche para comunicarnos con quienes viven de día y viceversa.
La soledad nos lleva a trabajar enfrascados en nosotros mismos, creyendo que somos el centro del universo, pero no es así, ya que en cualquier momento, quizás el menos esperado, la realidad a la que escapamos nos golpea el hombro.
El mapa de una ciudad es el mismo de día o de noche,
pero no la realidad social que muestran las horas de nadie.

Viene entonces el regreso al hogar… Haga frío o calor, caminar o esperar un colectivo o un tren.
Hay un espacio que se convierte en las horas de nadie; es el que transcurre desde la salida del último tren, subterráneo o colectivo hasta que llega el primero de la madrugada.

Es una etapa del día para observar, para tener los ojos abiertos, ya que la verdad de la vida aparece entonces tal cual es, sin tapujos ni príncipe que venga a buscar a Cenicienta.
Pasan algunos taxis, autos, gente caminando apurada, como si el amanecer que pronto se hará realidad sea ya un hecho concreto… Cada individuo pasa metido en su mundo privado y la solidaridad parece ser una idea alejada del pensamiento y de la realidad; a esto se suma el peligro de la inseguridad, un hecho concreto que no es ni mucho menos una sensación y nos lleva a refugiernos en nuestro mundo e ideas interiores.
Personas de distinto sexo caminan buscando una mirada cómplice, quizás expresando su necesidad de alguna compañía para no amanecer en soledad o esperando contar con un momento de diálogo o negociar su cuerpo por el dinero que con la luz del día permitirá solucionar problemas o necesidades más que básicas.
Quedan también quienes perdieron el último tren o colectivo y deben hacer tiempo hasta el primero y observan lo que ocurre en la noche. Si saben ver, observarán situaciones que son testimonio de la realidad social.
2. La hora de la verdad
Empero, ninguna de estas postales se asemeja a las que presenta la miseria.
No se sabe de dónde, pero surgen personas mayores, adultos y hasta niños que hurgan en cestos donde hay restos de comida, en especial en las zonas de restaurantes o locales de comida rápida.
Lo que otro menospreció es un manjar para ellos.
Estas postales nocturnas enseñan más que muchos libros de texto. Muchos hermanos nuestros sufren y a menudo permanecemos indiferentes. Quizás no conocemos esta realidad, pero la experiencia de verla supera lo que podamos imaginar. Es la vida pasando ante nuestros ojos.
Si tenemos una situación económica que nos permita estar mejor que otras personas, pensemos en que nadie vale más por cuantas más propiedades o bienes tenga. El verdadero valor es el del ser humano y así es necesario asumirlo.
3. Otra hora, otra visión
Durante el día, si pasamos por el mismo lugar, la escena es distinta: actividad, gente apurada, la vorágine de la vida que creemos real.
Observemos este mundo si alguna noche nos encuentra en esta situación de espera. Será la mejor clase sobre la realidad de la vida y las verdaderas necesidades del ser humano.
No hay medios de difusion a esas horas presentes para documentar el hambre y la miseria; siempre son convocados por otras prioridades, aunque esta situación se repite, ameritando una difusión que busque conmover a la sociedad.
4. Saber reflexionar
Demos gracias a Dios por lo que tenemos, y pensemos que hay quienes están en una situación más difícil que la nuestra. Siempre.
Una labor o contribución solidaria que podamos efectuar, por mínima que sea, ayudará a paliar dolorosas y a menudo desconocidas situaciones como las que comentamos.
Los problemas por que pasamos tomarán así su justa dimensión y quizás pensemos en la solidaridad, una palabra olvidada muchas veces en estos tiempos en que pocos tienen mucho y muchos tienen poco. Alberto Auné

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