Falacia “ad hominem”: un error filosófico, político y social

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Los filósofos han señalado esta falacia como un difundido error. (Fuente: http://www.wikimedia.org)

Privilegiemos una idea o propuesta sobre quien la presenta.

Rechazar un argumento descalificando a quien lo presenta impide llegar a la verdad; si abandonamos esa práctica, aplicada tanto a personas físicas como jurídicas, podremos construir un mundo mejor.
 

 1. Un argumento erróneo
 
La filosofía habla, al analizar la lógica de los discursos, de lo que llama falacias: enunciados con apariencia de verdad pero que en realidad son falsos.
Uno de ellos es la llamada “falacia ad hominem“, significando en latín “contra el hombre”.
En esta categoría de falacias un argumento es rechazado debido a algún hecho negativo que se atribuye a la persona del autor, tanto en lo moral como en conducta social o escala de valores.
 
 
2. El proceso
 
Esta falacia se produce en dos pasos.
El primero de ellos consiste en un ataque hacia el carácter, circunstancias o acciones concernientes a quien ha efectuado el argumento o razonamiento que se quiere refutar. Una vez asentada esta idea en el interlocutor, viene el intento de unir este hecho negativo en la persona al argumento presentado por ésta.
En síntesis: Fulano sostiene tal argumento. Fulano tiene tal o cual defecto; por lo tanto su argumento es falso.
 
 
3. La historia y las falacias
 
A través de los siglos hubo en la historia intercambios de ideas, diferentes posturas políticas, sociales y económicas, que llevaron a encuentros, enfrentamientos, luchas, muertes y exilios.
Cuando se presenta una oportunidad de reconciliación, ésta puede ser aceptada o rechazada; a menudo, cuando pasa esto último, ocurre debido a la aplicación de la “falacia ad hominem“.
Todo diálogo, indispensable para encontrar acuerdos, se basa en saber escuchar al otro, analizar sus propuestas y lograr obtener puntos en común.
 
 
4. El respeto al otro por sobre las diferencias
 
Si a pesar de opiniones distintas consideramos que nuestro interlocutor obra de buena fe, enseña la historia, se han logrado acuerdos que permitieron reconstruir naciones después de grandes dificultades, como guerras o dictaduras de largo tiempo. Un ejemplo claro son los Pactos de la Moncloa, en España, después de la apertura democrática impulsada por el rey Juan Carlos, una vez finalizada la época franquista.
Quizás sus firmantes tenían sus padres u otros seres queridos que habían estado en bandos distintos durante la Guerra Civil, pero supieron priorizar los intereses de España por sobre los propios.
La posguerra en Europa es otro ejemplo, así como la positiva finalización de décadas de guerra civil en Guatemala en 1996, con el acuerdo de paz entre el Gobierno y la guerrilla y los Acuerdos de Camp David firmados entre Egipto e Israel en 1978.
 
 
5. Saber escuchar para crecer juntos
 
Analizar las propuestas, debatirlas, de manera independiente de quien las formule, puede dar los fundamentos para que a partir de ese diálogo se reconstruyan los tejidos sociales.
Valorar las ideas, los aportes al bien común, aislados de quien los presente, permitirá descubrir que en cada sector político y social, dentro del arco democrático, hay, al margen de las ideologías, un deseo de contribuir a que las cosas mejoren.
En política y en periodismo también aparece a veces el argumento “ad hominem”. Si se escribe, publica o comunica algo que molesta al poder de turno se descalifica por todos los medios posibles a quien ha tenido ese atrevimiento.
También se busca desviar el tema. Si está implicada de rebote alguna persona vinculada con el espectáculo se pasa a ese rubro, “farandulizando” la comunicación, para lo cual nunca faltan seudoperiodistas que prestan su servicio a cambio de ventajas que les llegan con rapidez, aunque la pobreza se extienda por el país donde ocurren estos hechos.
Pero la verdad prevalece: el pueblo no es tonto y sabe leer a través de discursos hipócritas que allí no está la verdad.
 
 
 
6. Buscar puntos comunes para un futuro mejor
 
No descalifiquemos a priori a quien presenta una idea o propuesta, ya que puede tener mucho de verdad. Esto vale tanto para personas físicas como para entidades, como organizaciones de cualquier tipo, países o gobiernos.
Así, a partir de puntos en común, podremos construir un mundo en el cual el encuentro entre los seres humanos, de forma independiente de sus opiniones, sea una realidad que ayude a construir una paz duradera. Alberto Auné

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